Atril literario. Invitada: AMELIA RESTREPO
- Arcón Cultural

- 27 feb
- 9 Min. de lectura
POEMA
por MARCOS ROGELIO RUBIO LÓPEZ (MÉXICO)

Con la bella bendición
de Dios Divino de Amor,
profundo sea nuestro despertar al nuevo día,
paz serena al interior.
Soltemos nuestros deseos
mundanos de distracción,
y sintamos en el Alma
el gozo y liberación.
"La vida es un reto
de lucha hasta el final."
EL ADIÓS
por YANINA MARÍA CERIANI

Golondrinas
Me saludan
A la distancia
Se van
En la quietud
De la noche
Las veo volar
Las despido
Sonrío
Fingiendo
Pensando en cuán amarga
Seré sin ellas
Les digo adiós
Porque ya mañana
Por la noche
Sabré que no estarán
POEMA I
por: JHONNY ANDRES OSORIO AGUDELO, "JHOAN OSAG"

Ahora que hemos hecho de la curiosidad
trampas,
venimos
a rompernos el alma en los ojos,
a enmarañar los sentimientos y jugar con ellos,
a matar el sueño,
ese río subterráneo de la noche
que nos abandona
en la mañana imposible
donde el olvido es una piedra
que levantas amenazante como el mundo.
Yo te quiero, niña tonta,
imaginándote.
Así te conozco,
por sendas sutiles e indirectas
y sé, sé con pasmosa certeza
que tu naturaleza es de viento
¿qué pueden mis manos, entonces?
La oquedad de mi vida.
EL LECHO VACÍO
por XIMENA GAUTIER GREVE

Allí me quedé sentada
mirando tu lecho vacío.
Fue hacia el fin de la noche.
la luna rodaba caliente
de tu amor hacia mis senos.
Pero llegaron esos hombres
gritando, arrasando con todo.
De mis brazos en pasión
te arrojaron a la calle.
Los increpé, corrí con tu abrigo.
Ya te empujaban cuesta abajo
entre las burlas secas y el frío.
Yo suplico con desvarío
tus ojos dulces cruzan los míos…
El café quedó servido.
Ahí me quedé desnuda
mirando tu lecho vacío…
REINO
por: CAROLINA HIDALGO

Si esto es.
Descubrirse ficción.
Ella se queda en casa
cocina colaciones o reparte carteles de propaganda.
Una versión de ciudad.
Escribe historias sobre el universo
vórtice tejido para el día que esto sucediera.
Ofrendó la tinta del sentido corazón
soltó el hilo que le lleva a la cueva del Minotauro
para declararse mujer libre. Poeta.
Ha mutado de poemas con un fondo de agua.
No necesitó ser una princesita carnada, en ello,
algo de transparencia.
Soberana, y feliz de tener reino en la fantasía
hermana de los sueños que sólo alcanzan los valientes.
Sueltos los hilos convendría danzar en puntas de dedos
apenas tocar el suelo,
cantar a coro abierto:
¡pureza!
aún saltos de cascada
aún ojos de pantera
la brisa sigue fluida.
POEMA 2
por EMMA DELLY MARULANDA

Mientras la respiración fluye
Las manos sudan y el vientre arde,
El corazón se rompe
Se dilata
Se desgarra
Se entregan las pupilas a la piel,
Las yemas de los dedos se unen a la espalda,
La fragancia que emerge en la habitación,
excita e ínsita a la pasión
Arde el cuarto en fuego esta
Los pies se contraen
Y los labios muerdo.
POLIPENSANTE
por ALEXÁNDER GRANADA RESTREPO, "MATU SALEM"

Estoy muy contento
de que Dios sea Dios
y de que yo un cualquiera,
pues, por nada
estaría dispuesto
a lidiar con esta humanidad-contaminadora y pendenciera-,
que ya desea habitar otros mundos,
como si en el propiono se bastara
ni cupiera.
HIELO
por KARLA JAZMÍN ARANGO

La boca del cielo repleta de hielo ruge entre destellos de luz.
El verbo paralizado se precipita.
La tierra abre sus brazos de par en par ante la inminencia de la colisión.
El agua cristalizada rebota contra la superficie antes de empezar a derretirse.
Adentro, las semillas se sacuden y se entregan gozosas a la celebración del origen.
¡Choque de naturalezas! ¡Fiesta de elementos!
El viento abraza el encuentro entre la tierra y el agua.
El fuego sonríe dentro de la palabra que nace.
VOLUPTUOSIDADES
por HERNÁN MALLAMA ROUX

Estoy justamente en el ángulo
donde observo tu vértice congrumental
y gélido manantial donde sacio mi sed.
Estoy justamente ahí,dónde el perfume de tu rosa genital
se esparce…
Y penetro en ti, y entonces…Siento correr la sangre sobre el cauce de mis venas
y todo en mí no me pertenece.
Todo, todo lo que es
ha dejado de ser, ya no habita masen este cuerpo, tan pequeño… tan pequeño…ya no somos tu y yo
ahora somos nosotros
nos fundimos y estremecemos,
ya no somos más,
nuestros labios han saboreado
el néctar prohibido…
Todo, todo lo que es
ha dejado de ser, ya no habita más
en este cuerpo, tan pequeño…
Tan pequeño…
PARA TI MI VERSO
por ADELA GUERRERO COLLAZOS

Desde siempre
me habitas
como la vida en las entrañas de un beso
silencio de cerbatana en el bosque
sé de Ti
Tú me vives
sin palabras
sin razones
descanso en tu palma de armonía
sondulación de agua.
Alabanza
Los salmos se esparcen por la arboleda
todo se enciende al paso de las luciérnagas,
por entre los misterios de la oscuridad
los himnos de sus alas
conjuran incertidumbres.
Salmo y nochel
luz y canto
Risa y calma
Alabanza
ECOS DE RECUERDOS
por AMELIA RESTREPO HINCAPIÉ

De espaldas frente al espejo,
fuerte como mármol de Carrara,
pese al mapa trazado en su cuerpo
con sombras, luces y reflejos.
Lo vi sentarse: hombros caídos,
la cabeza vencida hacia el cuello.
Un marco vacío, sin vitela.
Era su pecho.
Nada.Un hueco oscuro y profundo.
Debajo, restos de existencia,
letras de un nombre innombrado,
eco callado de recuerdos,
extrañezas, impermanencias.
Eso quedó del roble altivo.
Eso del viento fuerte:apenas un eco.
Eso, de aquel encierro eterno:
fuente seca, libro clausurado,
letras gastadas sin lectores,
estatua cuarteada de museo.
*Nació en Santa Rosa de Cabal, Risaralda. Radicada en Pereira desde hace varias décadas. Profesora de la Universidad San Buenaventura, Universidad Tecnológica de Pereira, UNAD, Católica y Libre de Pereira y UNISARC de Santa Rosa de Cabal. Magistra en Investigación y Tecnología Educativa de la Facultad de Estudios Interdisciplinarios, Pontificia Universidad Javeriana. Licenciada en Psicopedagogía y Técnicas Audiovisuales de la Universidad Tecnológica de Pereira. Embajadora Mundial de Paz, Embajadora Cultural Mundial de ASORBAEX, Embajadora Mundial de Mujeres y Hombres Girasol, Premio en Difusión Cultural Academia Colombiana de Literatura e Historia Latinoamericana, Medalla Manuelita Sáenz como Mujer Líder Risaralda Colectivo Fuerza Mujer y Sociedad Bolivariana de Risaralda, Medalla de Honor AEADOS-PERÚ. Fundadora y Directora del Centro de Investigación de la Secretaria de Educación de Risaralda. Entre 1980 y 2006 fue Supervisora Departamental de Educación de Risaralda y Asesora de Secretaria Departamental de Educación, Gerente de Innovaciones Educativas de Risaralda. Autora de los libros: "Un camino hecho al andar y una caminante de la investigación y ciencia", "Innovaciones educativas un reto en Risaralda" (ensayo), "Piedra encendida" (poesía), Klepsidra Editores, "Corceles de fuego" (poesía), Klepsidra Editores y "Sueños" (cuento corto).
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DICCIONARIO
Johana Rodríguez
ART RAYADISMO
Alexander Vélez González
PA QUE CABECÉE
Mc -Tian
LA OTRA (2017)
Dufay Bustamante
DECLAMACIÓN EN LA LIBRERÍA "ROMA"
Kelly Tabares, "Kyt Ache"
CUENTOS, ENSAYOS Y PROSA POÉTICA
MI CUENTO NAVIDEÑO
por JHON JAIRO SALINAS

En el tejido con la luz de la infancia, me transporta a la hermosa finca El Naranjal, allá en la vereda La Bella. Tenía yo apenas siete años y experimentaba, quizás por primera vez, esa desbordante alegría que solo la Navidad rural puede inspirar. Recuerdo con nitidez las novenas organizadas por don Raúl Izasa, el bondadoso dueño de la tienda del cacerio. Era el corazón palpitante de nuestra celebración. Antes de que el rezo comenzara, la muchachada nos enfrascábamos en una travesura sonora: machacábamos tapas de gaseosa, les abríamos un minúsculo orificio con una puntilla y las ensartábamos en una cuerda de alambre. ¡Nuestras rústicas maracas de juguete estaban listas! Así, con el pesebre de musgo como testigo, entonábamos villancicos cuyas melodías danzaban en el aire frío , brillando como estrellas fugaces. La recompensa a nuestro fervor era dulce: un puñado de golosinas en cada encuentro y, el 24 de diciembre, un auténtico tesoro: mi primer caballito de juguete. Pero la celebración trascendía la vereda. En el pueblo, ¿cómo olvidar las novenas en la Casa de Cultura de Calarcá? Allí, el querido Hermes, el alma todóloga del centro cultural, llenaba el ambiente con una algarabía contagiosa que saltaba al ritmo de los cánticos. También atesoro las novenas de don Pedro en el Cuerpo de Bomberos, donde la inocencia de los niños resplandecía como una hilera de luces titilantes. La nochebuena era un ritual. Nuestros padres, con amorosa dulzura, nos arropaban antes de la medianoche, instándonos a dormir para que el Niño Dios pudiera cumplir su misión. Aunque la escasez rondara nuestros hogares, siempre había un regalo humilde, una muestra de afecto envuelta en papel simple, pero llena de un amor inmenso. Eran tiempos de genuina comunidad, donde los vecinos se unían en una alegre minga. Las cuadras se transformaban; la gente se congregaba alrededor de la humeante natillada, batiendo la mezcla con risas y brindis. Las calles se engalanaban con guirnaldas y la música decembrina nos envolvía sin remedio, invitándonos a bailar al son inmortal de Guillermo Buitrago. No había un solo hogar que no bailara al compás del "14 Cañonazos", ese disco icónico de Discos Fuentes. Gustavo el Loco Quintero, Pastor López, Alfredo Gutiérrez y Lisandro Mesa eran los auténticos "tenores" que ponían a bailar a las familias colombianas. Cincuenta años después, su música sigue siendo la ineludible banda sonora de nuestra tradición decembrina. Eran épocas de compartir la abundancia: la natilla, los buñuelos crujientes y la lechona eran el corazón generoso de la mesa navideña. Tiempos que se fueron, pero cuya magia, por fortuna, se anida intacta en el rincón más cálido del corazón decembrino.
*La Noche en que las Velitas se Apagaron para Siempre*
La Navidad pocas veces tiene un olor agridulce a pólvora y promesa. Y para mí, aquel 8 de diciembre de 1981 se grabó en la memoria con la crueldad de una cicatriz. La esquina de la tienda La Marina, en el corazón vivo y frenético del barrio 20 de Julio, era nuestro escenario natural de los frutos de aquel árbol de injusticia social. Éramos apenas cuatro almas en proceso de crecimiento —Harold, Juan Carlos, Stiven y yo—, reyes efímeros de un universo minúsculo, donde la mayor preocupación era el totazo perfecto de una papeleta.
El juego estalló de pronto, no por la pólvora, sino por un grito que nos detuvo en seco: «¡Culigao, entrése para la casa y ayúdeme a prender las velas!» Era la voz de mi abuela Irene, implacable, irrumpiendo como un trueno en nuestra fiesta infantil. El estruendo vino acompañado por la ofrenda de dos juetazos con el cordón de la plancha, una caricia áspera que solo la autoridad de la abuela podía propinar. Dos lágrimas calientes resbalaron por mis mejillas, sucias de hollín y travesura.
Nuestra vida latía en el inquilinato de Don Artemo, un caserón viejo que parecía suspirar historia, donde treinta y dos vidas se mezclaban en un caldo hirviente de existencia. Compartíamos muros con hijos de prostitutas, con el misterio audaz de los travestis y la sombra furtiva de ladrones. Era una infancia cargada de una adrenalina cruda y real.
A regañadientes, me uní al ritual de la luz, encendiendo las velas de la Noche de Velitas. La calle, hasta entonces, era solo el telón de fondo de una cumbia estridente, y las luces rojas del antro continuo de la tienda de pronto se apagaron.
Pero el silencio llegó antes que el espanto.
De pronto, un aullido se rasgó en la noche. Gritos desgarradores, de esos que no admiten réplica, brotaron desde la calle: «¡Ay, Dios mío, los mataron! ¡Los mataron!»
Como un solo cuerpo, los treinta y dos habitantes del caserón nos precipitamos hacia la calle. La Marina ya no era una esquina, era un epicentro de dolor. Una romería de gente se agolpaba, como si el barrio entero hubiera tropezado con la tragedia. Y allí, en el andén, donde hacía apenas un instante reventábamos el hambre y la miseria a punta de pólvora, se reveló el horror.
Tres cuerpecitos. Apenas tres siluetas, de diez, trece y quince años, inertes. El frío de la muerte se había posado sobre ellos, con la marca irrevocable de tiros de gracia en la cabeza. Eran ellos. Los mismos que jugaban a mi lado, los mismos con los que compartí el último olor a pólvora.
El barrio 20 de Julio era, lo sabíamos, una zona de tolerancia, acostumbrada al drama. Pero esa noche, la música bailable que antes vibraba en los antros se extinguió de repente. Fue reemplazada por el silencio más denso y pesado que he conocido. El silencio de la noche, en el día que debía ser de luz y esperanza.
Esa imagen: el alumbrado de las velas en el inquilinato, contrastando con esos tres cuerpos bajo la luz amarillenta de un farol. Es la certeza de que, a veces, la infancia se rompe en un instante, y lo que queda es una herida abierta en la memoria, grabada a fuego en aquella Noche de Velitas.
DESENTRAÑISMOS 155
por CARLOS ALBERTO AGUDELO ARGILA

EL MIEDO FUNDA dioses; la lucidez los desenmascara.
LA CONCIENCIA ES el lugar donde la vida se mira vivir.
LA MEMORIA NO guarda el pasado: lo vuelve a respirar.
PENSAR ABRE VENTANAS donde antes había paredes.
TODA MIRADA CONTEMPLA al mundo que toca.
EL TIEMPO NO pasa: nos atraviesa.
LA DUDA LIMPIA el cristal de la certeza.
EL PODER SEDUCE; luego exige rodillas.
EL POLÍTICO PROMETE futuro; raciona miedo presente.
QUIEN RENUNCIA A pensar, vota obediencia.
AMAR ES QUITARLE al ego su trono.
EL TIRANO PRIMERO nace en la indiferencia ajena.
EL AMOR NO salva; revela cuánto somos capaces de ser.
LA FE EMPIEZA donde termina la costumbre de obedecer.
REZAN MUCHOS; pocos se atreven a escuchar el silencio después.
QUIEN TEME PENSAR, llama peligro a la libertad.
HAY TEMPLOS LLENOS de rodillas y vacíos de conciencia.
LA COSTUMBRE CONVIERTE lo absurdo en paisaje.
EL APLAUSO DURA un instante; la coherencia, una vida.
SIN CONCIENCIA, la inteligencia estafa.
(Publicado originalmente en el portal "EL QUINDIANO" y
transcripto por expresa voluntad del autor)



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