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Atril literario. Invitado: FRANCISCO GONZÁLEZ

hace 2 días
14 min de lectura

DEPRESIÓN DE INVIERNO

por CAROLINA HIDALGO



La poeta dilató su nudo de verdades                   

en un trago de silencio                   

Al ver sintiendo                   

cruzan estigmas en sus manos                   

Signo ordinario de rotación de gentes

Al ver sintiendo                   

La luz no tiene voz                  

y si no tiene voz                   

No puede gemir

Sólo brotan fonemas del subsuelo                   

de la memoria


POEMA I

por MELIA ALZATE PEREA


Son las 10 y 26 de la noche,

me tope de frente con un hospital,

tiene la rutina higiénica de todos los días.


Afuera, el pavimento opta por un color gris anochecido

las llantas del ómnibus,

la luz y el grito de la ambulancia

con noticias de vida frágil,

el miedo y su olor

que ahorca el cuerpo y su sombra.


Adentro, donde se nace y se muere

tras la columna tiesa y fría

solo hay voces bajas,

resecas de tanta sed

miradas necesitadas de sueros,

cuerpos adoloridos por el trasnocho,

vestidos de color anti fluidos

que espantan el calambre en las manos

para coser la herida de la piel.


Adentro, nacen pasos blandengues

con noticias de un útero y su mar

que sostiene la vida y su algarabía.


Entonces, vi una mujer asustada y tímida

que se vivía sin querer

untada de otras sequias,

otras heridas

otras aproximaciones a la muertes.


VIÓLAME ANTES

por ANDRÉS GALEANO












Esta noche

                   Dejo la puerta abierta

                   Espero aparezcas y acabes con todo lo que me arma.

                   Esta noche

                   Duermo sin corazón

                   Es lo único…

                   Que no mereces tocar.


POEMA

por CARLOS ALBERTO AGUDELO ARCILA


Estoy hecho

 de pan

 de vino

 de fulgor

 de polvo

 de niebla

 de sombras

 No hay pasos

 no hay camino

 La floresta firmamento

 con nubes

 con centellas

 a una hora cualquiera

 en un tiempo cualquiera

 El viento se hace sendero

 donde alas

 piedras

 océanos

 y los cien pies de la hiedra

 rebasan la frontera de mi nada


SUSURRO EN LA DISTANCIA

por ESPERANZA RAMOS YAÑEZ


Escolta mi vida

Como Júpiter escoltó la Luna llena,

Sedúceme de igual manera

Con tu luz, con tu energía,

En esa sincronía exacta y magnética

Conjúgate en la misma vibración

Y atráeme hacia ti,

Provoca un caos,

Provoca un cataclismo,

Provoca una alteración en el Universo

Como lo has provocado en mí…

Camina de mi mano

Libre por el universo

Y en esa hecatombe,

Y en esa alteración provocada…

Crea el Universo propio

De dos almas solitarias

Que se encontraron

De dos almas solitarias

Que en el universo se hallaron

Llena mis espacios

Suavemente…

Y atráeme a ti,

Sin más fuerza que el amor.

Llena mis días

Llena mis noches,

Llena cada segundo de ti,

Envuélveme en tu halo mágico

Y aférrame con fuerza a tu alma

Y procura no soltarme jamás…


Susúrrame como Júpiter a la Luna

Palabras melodiosas de amor

Deléitame en cada palabra

Y abre la galaxia del amor


Convierte el caos en un delirio

De placer indescifrable

Y altera gradualmente mi sentir.

Produce un apocalipsis constante

En cada parte de mi cuerpo,

En cada fibra de tanto sentir...


Alinea con tu experiencia

El fluir constante de tu amor y mi vivir...

Alinea con tu experiencia

Tu vida que va ligada eternamente a mí.


POEMA

por JORGE ANTONIO SANTACRUZ GÓMEZ








En un mundo absurdo

cantas siempre,

lloras a veces

cuando llega

el misterioso poeta,

así cansado entre la tulpa

y leños verdes

estará cantando,

en caminos estrechos

y ciudades perdidas.


CAMINO AL CIELO

(Al Poeta JORGE LUIS VASQUEZ en Puerto Santa Cruz Argentina)

por GERARDO MARÍA PÉREZ GIRALDO







Mi amigo juglar hoy ya está preparando

su equipaje para partir caminando.


Para hablar con Dios en su admirable cielo

para diseñar versos que den consuelo,

a los amigos que mojan su pañuelo

y tristes esperan iniciar su duelo.


Tus poemas son flores que no marchitan

por ser versos del alma que nos excitan.


¡Viaje feliz juglar! ¡Dios te está esperando!

porque es hora que termine tu desvelo

con tus versos que los ángeles recitan.


RENACER

por MÓNICA PATRICIA OSSA GRAIN




Regresaron los gritos a la luna

que desgarraban en el espacio el tiempo de la soledad


Volvió la llama alada y evaporóla humedad que desde

una cascada de respuestasse anclaba en un canal de secretos


Aumentó la ansiedad

se inflamaron unos labios que no besan

y el sentir esponjó las venasante el contacto

de falanges expertas

colonizadoras de terrenos


Esto fue sólo el preámbulo       

de un trancejusto antes     

de una pequeña muerte.


POLIPENSANTE

por ALEXÁNDER GRANADA RESTREPO, "MATU SALEM"


Estoy muy contento

de que Dios sea Dios

y de que yo un cualquiera,

pues, por nada

estaría dispuesto

a lidiar con esta humanidad

-contaminadora y pendenciera-,

que ya desea

habitar otros mundos,

como si en el propio

no se bastara

ni cupiera.



RESPLANDOR

por JOHANNA CARBAJAL


He llegado al paraje

de un territorio inconcluso

llevando en mis manos

la brújula de hielo

Solo la tierra seca

conoció mi tedio

esa muerta esperanza

dentro de los huesos

Jamás ha sido conocido

el silencio de mi piel

al lado del Sol

Al límite del resplandor

un transitar de luz

ancló mis pies

delante de la ausencia

Estoy tan llena de luminiscencia

y ese fulgor

que arrojé al cielo

volverá

para manchar mi nombre

Enterré en mi carne

el fuego,

más de lo vital

hasta convertir en cenizas

mi esqueleto

Incluso mi alma

seguirá transitando

en el aire

cuando ya todo

se extinga…


FILOSOFISMOS

por FRANCISCO GONZÁLEZ LOTERO*


Me perdí en laberintos de sectas y facciones

por ver si cada una mostraba una teoría.

Todas garantizaban los lemas que lucían

como verdad sin tacha de palabras y acciones.


En este laberinto confundí sus nociones

de Historia, Ciencia y Arte, con las que yo tenía;

atribuí a sus causas lo que yo no sabía.

Las mezclé en mi discurso, como serias razones.


Revolviendo esas tesis, las eché en un mortero

por comprobar si juntas darían un programa

digno de las facciones, como sentencia ética…


ninguna, no. Ninguna la aceptó por entero;

me acusaron en coro por armar el diagrama

de lo que reputaron como teoría ecléctica.


*Nació en Aguadas (Caldas) —aunque su lugar de nacimiento y pertenencia geográfica suelen generar divertidas discrepancias entre municipios— y se instaló en Pereira en 1964. Desde 1973 ejerció como profesor de Literatura en el colegio Bernardo Arias Trujillo de La Virginia, donde también dirigió el grupo de teatro «Antorcha», fundó la Asociación Cultural «Rapsodia» y compuso el himno municipal en 1985.



VIDEOS



MUERTOS ESCULPIDOS EN LA PAZ NEGADA

por JHON JAIRO SALINAS



TRAS LAS HUELLAS DE LOS ZIPAS

por PAULA ARCILA JARAMILLO


HOMENAJE A JORGE ELIÉCER GAITÁN

por ALONSO MARULANDA ÁLVAREZ


POEMA

por DIEGO ALEXÁNDER VÉLEZ QUIRÓZ



SANCOCHO COMUNITARIO

por ESCRITORES VARIOS





VIDEOS



UN TESTIGO PRESENCIAL RELATA COMO ASESINARON

LOS FACCIOSOS AL INMORTAL GARCÍA LORCA

por UMBERTO SENEGAL



“El documento está fechado en 17 de septiembre de 1937 y pertenece a ABC de Madrid en su etapa republicana. El texto recoge un fragmento de un reportaje de Vicente Vidal Corella en Adelante de Valencia, en el que aparece una conversación con un evadido de Granada. En el fragmento de la conversación el evadido asegura que vivió la muerte de García Lorca:  “Su muerte fue algo que no se me olvidará. Algo tan monstruoso, tan criminal, que no puede nunca borrarse de mi mente”, aseguraba. El evadido expone que Lorca fue cazado a tiros por la Guardia civil. Según este, el poeta había firmado su sentencia de muerte cuando compuso el famoso romance de la Guardia Civil. Además, expone que no fue juzgado por ningún tribunal, como tampoco lo había sido ningún otro de los que asesinaron aquella noche. Las palabras del testigo trasmiten la imagen de un Lorca seguro y sereno, que justo antes de morir pronunció con firmeza unas palabras en defensa de la Libertad. Según narra, estas fueron interrumpidas por un disparo del teniente Medina, al mando del piquete de civiles, que se lanzaron contra el poeta. Lorca, perseguido por una lluvia de balas, cayó a unos cien pasos. Sin embargo, este se levantó sangrando y miró a todos que retrocedieron espantados, a excepción del teniente. Finalmente, el dramaturgo se desplomó y Medina descargó tres cargadores completos en su persona”.


1

Allegro

DESDE LORCA Y SU VALS

“…hay mendigos por los tejados…”

       que nada reclaman a transeúntes corriendo

por andenes y empujándose por las calles.

Mendigos en el aire de los techos,

       que no imploran monedas ni oraciones.

Conocen las respuestas de los mezquinos.

       De quienes nada tienen y simulan tener de sobra,

hasta para mendigos por las esquinas.

Mendigos por los tejados, que prefieren

       encontrarse con gatos mirándolos silenciosos.

A veces con algún gallinazo

       que desciende confiado sobre los hombros,

entregando sus alas para que planeen

       hasta tejados contiguos o lejanos.

Mendigos tan hambreados,

       tan leves de huesos y equipaje,

que aprendieron a flotar sobre las tejas.

Moldean con el humo de las chimeneas,

       arcos iris, cometas, barcos

y en ocasiones algún ángel.

No los llamen para que desciendan

       mintiéndoles que las calles son seguras,

y que el prójimo es bueno,

       y que habrá saludos afectuosos.

No se muestren compasivos

       porque ellos tienen en sus miradas

antiguas monedas de luz de sol y de luna.

Viene Lorca, de amor huido,

       sobre una hoja seca de abedul

que trae el viento, también herido

       de aire frío,

de rama abandonada

      por el ruiseñor que voló malherido.

Viene Lorca, pero no viene solo.

       Ni sangra solo porque detrás suceden

rumoreando todas las abejas

       de la colmena, y cada una detrás

de la hoja de abedul, beben a gotas

       la sangre que de amor huido

irriga Lorca por el aire.

2

Adagio

VENDRÁ FEDERICO

Si Lorca viene oculto entre caracoles rosados…

       ¿con la voz, la boca o la mano de cuál marinero

le convenceremos para que salga

       y siembre, entre el otoño, otro romance?

Si la caracola donde Lorca viaja

       viene rota y vacía, y llega desteñida,

¿buscaremos a Federico sobre puntas marchitas

       de los corales, o jugando con arena

en una playa desolada?

Si Lorca viene sobre una antigua balsa

       de alhelíes, ¿preguntaremos por el jardín

donde cultivan esas flores,

       o perfumaremos nuestros dedos,

estrujando hojas de eucalipto

       y romero para darle la bienvenida?

Si encalla en la playa,

       -y la espuma no calla-

un bote tallado en ébano

       que en su transparente quilla

tiene bordados los ojos de Penélope,

       y nadie viaja en este, solo el libro

Poeta en Nueva York,

       ¿la emprenderemos a gritos

contra las olas, o abrimos el libro

       y leemos poemas al azar?

En voz alta, el Pequeño vals vienés.

Si Lorca viene por el mar,

       cualquier mar de consonantes

que se dejen rimar,

       sabremos que es él.

Aunque venga herido de amores huidos,

       alzando sus brazos y tocando castañuelas

con ostras húmedas.

Si Federico decide llegar

       muerto, como acostumbra vivir

desde lo sucedido en Granada,

       ¿le amortajamos con hilos de seda azul

o con retazos de algas?

Miremos bien estas bandadas de gaviotas.

Si traen atados sus picos

       con alambre, y sin embargo en su aleteo

escuchamos música de romances,

       o algún comienzo de elegía,

es porque alguien, algo o alguno,

       se lleva a Federico empujándolo por la espalda.

Si Lorca no llega, por favor,

       no lloren sobre el mar para no salar

más el agua, ni aumentar

       lo que nos queda del mar.

3

Scherzo

LA METÁFORA PARA RESUCITAR A LORCA

Para que regrese a cualquier hora

       del día, mas no a la madrugada,

       a la madrugada no

y lo más lejos posible de olivares que lo recuerdan

       descubriendo con extrañeza a su muerte;

y tampoco a las cinco,

       porque toda esta hora con sus sesenta minutos o siglos

le pertenece a Ignacio Sánchez Mejía,

alguno de los millares de poetas

       que entonamos su nombre,

que exclamamos Federico

       para sentirnos menos solos,

o más solos,

       o solo solos a la sombra de sus poemas,

tendrá que escudriñar y encontrar

       la literal metáfora escrita

       por Lorca que contiene la virtud

       de revivirlo.

Si Lázaro resucitó sin necesidad

       de una hermosa frase,

no sé si también los demás poetas,

       pero Federico necesita de una metáfora

que ya está escrita y escondida

       entre alguno de sus poemas.

Lorca debe resucitar cuando alguien

       pronuncie una de sus metáforas

con el mismo tono que empleó Jesús

       para revivir a su amigo Lázaro.

Volverá vivo y dispuesto a más poemas.

Se levantará tan nuevo y tan vivo.

       Sin balas en el cuerpo.

       Sin resentimientos.

Preguntará amoroso si llegó

       Eduardo Rodríguez Valdivieso

disfrazado de Pierrot.

       Solo con escuchar esa escondida metáfora

escrita para adelantarse a la llamada del juicio final,

       Lorca resucitará sonriendo.

Preguntará cuántas palomas de pluma o escarcha

       sobrevolaron

su extensa noche de 87 años,

       de 87 agostos y un olivo sin hojas.

Y todos los olivos de España aun sollozando.

Así resucitado, Federico soñará la luna

       y la llamará sol

       o al sol le encontrará menguantes

para darles cuerpo de luna,

       si alguien de verdad poeta,

       redentor de los poemas

       que aquella madrugada le silenciaron

a Federico en Granada,

       encuentra la metáfora precisa

       que está por ahí

       entre sus poemas

esperando que lo encuentren y pronuncien

       para resucitarlo

y que traiga en sus ojos y sus pasos

       la dirección de la muerte a la vida

       que Lázaro debió darle.

Lo sé con certeza.

       Existe el verso que puede traérnoslo completo.

Sin agujeros en el cuerpo, sin tierra en las manos,

       Sin rabia

       sin odio,

       solo asombrado

de que los días sigan teniendo 24 horas

       y se llamen igual.

Hay que tener fe en la poesía,

       hay que tener fe en los poemas de Lorca,

       hay que creer en la vida

a pesar de los soldados disparando.

Si alguien aprende a pronunciar

       algunas de sus metáforas, no con los ritmos

que se escuchan sino con las melodías

       que ocultan, Federico regresará el mismo de siempre

 para escribir los poemas

       que siguieron floreciéndole silenciosos

en la muerte.

Propongo entonces iniciar el rito.

       Pronunciar cada uno en su alcoba los versos

que más lo conmuevan.

Susurrarlos o gritarlos para que donde

       Lorca esté,

los escuche y encuentre el que ilumine

      su camino desde la muerte a la vida.

¿Y si fuera esta la metáfora para resucitarlo?

       “los escarabajos borrachos de anís

       olvidaban el musgo de las aldeas”.

¿Y si fuera esta?

       “el leñador no sabe cuándo expiran

       los clamorosos árboles que corta”.

Cada día que transcurre por sus poemas

       tengo la certeza

de poder encontrar la metáfora que lo invitará

       a regresar de cuerpo completo.

Porque también podría ser esta:

       “te afilabas para los breves

       sueños indecisos”.

Pero si busco la metáfora que te resucite

       solo en Poeta en Nueva York

y tal vez germina, semilla entre cemento,

       quebrada pluma de canario herido

en alguno otro de tus libros, Federico,

       ¿entonces qué?

       ¿Y qué si no están aquí?

       ¿Y qué si deba decírselo en otro idioma?

       ¿Y qué si no entiendo su significado?

       ¿Y qué si Lorca respeta seguir muerto?

       Entonces qué, ¿renuncio a la poesía?

“Para buscar mi infancia, ¡Dios mío!, comí limones estrujados,

       establos, periódicos marchitos”.

4

Rondó

EL ÚLTIMO VALS DE LORCA

Anoche, entre mis sueños lúcidos regresó Federico.

        Sin prisa esta vez.

        Caminaba en zigzag por un angosto

andén de cobre oscuro

        y pétalos naranjas.

Detrás, a prudente distancia,

        le seguían los dos últimos   

        perros que tuve.

Mahón, el más noble de todos, ladraba suave,

       coreando

       versos inconclusos del poeta.

Mahón leyó a Lorca con mis ojos.

Federico se detuvo junto al herrumbroso farol

       iluminándose y apagándose en clave Morse,

con melancolías, y rosadas saudades

       y frases de amor

       que solo él descifraba.

Igual de mustias con luz o sin ella.

“Fedérico”, le dije,

Fedérico con acentuada tilde en la segunda e.

       Brazada de azucenas azules,

un acento que todavía cargo

       en el verde crepúsculo de mi vida

donde Lorca, Rumi y Khayyam se toman de las manos

      asegurándome que nada es distinto

cuando los versos explican el destino de los hombres.

Esdrújula inolvidable con que pronunciaba

       su nombre cuando yo era un niño de ocho años.

Sin conocer detalles del asesinato de Lorca,

       machacando los versos del poeta colombiano

Julio Vanegas Garavito en su libro

      Hombres que trabajan en la noche,

yo decía: “Fedérico está vivo,

       Fedérico no ha muerto”,

Y Humberto Jaramillo Ángel,

       mi padre, quien nunca puso lazos,

verjas ni fronteras a mis palabras

       ni a mis primeros versos de niño de ocho años,

sonreía y me decía: “no se dice así,

        se dice fe-de-ri-co,

        fe-de-ri-co,

y al día siguiente me trajo un libro con poemas de Federico.

En mi sueño, Federico tenía cabeza

       de niño rubio con mejillas ensangrentadas.

Federico depositaba granadas maduras

       sobre una piedra con musgo.

Yo tenía muchas noches sin llorar

       en sueños.

Le dije, es agua salada, Federico,

       hielo derretido.

En el patio de mi casa llueve sin descanso

       desde cuando escuché, musicalizado,

tu Pequeño vals vienés.

“No soy Fedérico ni Federico”, dijo,

       sumergiendo sus manos entre la luz del farol.

 Cuando lo afirmó, mis perros huyeron aullando.

Quiero que siga siendo sueño. No fantasía,

       porque el sueño desaparece cuando despierto.

Pero la fantasía me acosa dormido

       o despierto.

Federico taja otra roja granada que conserva

       en su mano, extrae sus semillas húmedas

       y las arroja sobre el techo de mi casa.

Escribe cuanto cada una de ellas

        te relatará, me exige Federico.

¿Pero quién se llevó mi lápiz?

       ¿pero quién rasgó

la única hoja de papel que tenía en el sueño?

       ¿pero quién destrozó mis libros?

Dijo el poeta Gabriel Celaya, “Federico se reía.

       No veía nada detrás.

Se reía como de una buena broma.

Pero esa risa, esa confianza

       en que el hombre es siempre humano,

       ese creer que un amigo, fascista o no,

es un amigo, le costó la muerte.

       Porque fueron unos amigos,

amigos que él contaba entre sus mejores,

       quienes en el último momento resultaron ser

      ante todo, y sobre todo fascistas”.


(Publicado originalmente el en portal ARRIERÍAS

y transcripto por expresa voluntad de su autor)


LOS CONTRASTES DE MI PAÍS

por CONSUELO GÓMEZ AVIRA


Era un muchacho muy joven. Solo tenía 16 años. Vivía con su familia en el Distrito de Agua Blanca, al oriente de Cali. Eran barrios de mucha pobreza, habitados especialmente por familias desplazadas por el conflicto armado con altos niveles de violencia y conflicto entre sus habitantes.


Ese día, su padre lo mandó a comprar una medicina que necesitaban en casa, y el joven salió en la moto a cumplir el cometido. Al llegar a la frontera, la moto se detuvo, exactamente allí, y no la pudo mover más.


Fue en cuestión de segundos, que aparecieron las pandillas del otro lado, enfurecidas, porque se había atrevido a pasar la frontera, sin permiso. Cayeron sobre él y sin ninguna piedad, lo asesinaron a cuchillo. Y solo tenía 16 años.


Al día siguiente llegó al barrio el titiritero, cuando estaban en los rituales del funeral. Lo habían contratado para presentar una función de títeres a los niños de Agua Blanca, y cuando preguntó dónde la podía hacer, le dijeron que el único lugar que tenían era la iglesia.


Se acercó a la iglesia y se encontró con una misa fúnebre. En el centro estaba el ataúd, con la tapa levantada y en su interior, el joven muerto. Alrededor, sus familiares y amigos, llorando tal injusticia.


El titiritero se detuvo a la entrada de la iglesia, esperando que la misa terminara. Alguien se acercó a conversarle y le contó la historia. Le habló de las pandillas, de las fronteras invisibles, esos límites imaginarios que establecen las pandillas para controlar territorios. Le contó de los asesinatos, que eran el pan de cada día, cuando alguien se atrevía a cruzar esos límites sin permiso. Historias difíciles de creer, pero verdaderas.


La misa terminó. Ya iban a cargar el ataúd para salir de la iglesia, cuando uno de ellos se acordó de las fotos. Entonces se devolvieron. Tuvieron que esperar a que alguien trajera las pilas para la cámara, pues no las tenía.


Con mucho cuidado, sentaron al muchacho muerto, o sea, al cadáver del joven asesinado, y fueron pasando por grupos e individuales, sus amigos, su pandilla, a tomarse la foto del recuerdo con él. Una vez terminado el acto, que era como un ritual, se lo llevaron en un microbús escolar que habían conseguido prestado. No tenían cómo pagar un carro fúnebre.

Era un momento surrealista. Eso no podía estar ocurriendo. Pero ocurría, En el Distrito de Agua Blanca, azotado por pandillas y grupos delincuenciales, donde todo podía pasar.


Hasta allí llegó el titiritero. Ese día, lo habían contratado para presentar su espectáculo de títeres a los niños de Agua Blanca. A esas alturas, ya había perdido el entusiasmo por hacer la función, pero había que hacerla. Los niños lo estaban esperando.


Para ellos, era otro capítulo, el anterior ya había pasado a la historia. Estaban acostumbrados y ahora querían ver los títeres, Algo nuevo, algo diferente que los recreara, que los sacara de esa violencia cotidiana.


Los organizadores del evento, le indicaron al titiritero el lugar donde podía armar el teatrino. Era el mismo lugar donde hace un momento estaba el ataúd.


Con el estómago estrujado, armó el teatrino y presentó la función: “El gato y los ratones”.


El gato perseguía a los ratones que le habían robado el queso, y los niños gritaban desesperados, indicando al gato dónde se habían escondido los ratones. Después, gritaban a los ratones dónde se encontraba el gato, para que no se dejaran atrapar.


Los niños reían, se divertían, estaban en otra historia.


Y mientras el gato perseguía a los ratones, hacía unos minutos, en ese mismo lugar, lloraban la muerte de un joven de 16 años, que no tenía por qué morir.


Esos son los contrastes de mi país.


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