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Dibujos y tildes suspendidas en versos

Actualizado: 30 oct 2025


El artista plástico y pintor, James Llanos Gómez, expresa su punto de vista sobre la obra, mientras de izquierda a derecha lo siguen atentamente los poetas y escritores Kelly Tabares, Consuelo Gómez Alvira (Ambas de espaldas), Leonardo Favio Marín, Carlos Alberto Ricchetti y Jesús Albeiro Zuluaga.


Hoy, transcurridos ya ocho días del encuentro literario-pictórico “Cuando el río acusa”, encabezado por el pintor dibujante James Llanos y el periodista poeta Carlos Ricchetti, y teniendo la calma suficiente para compartir recuerdos mucho más pausados y concretos, un poco lejos del brillo del instante emocional que dejan entrever las esmeraldas en los túneles absurdos del arte. (Qué absurdo es el arte y cómo nos carcome la cordura. Germán Seraín sostiene que lo artístico no reside en la obra sino en el concepto.). Entonces, en relación con aquella velada poético-cultural, nos ocurre con frecuencia que surgen planteamientos e inquietudes muy fuertes en torno a los muchos enmarañamientos que enfrentamos al interactuar desde la obra y la conversación con los medios digitales, las redes sociales y la información virtual. Quizá esta mirada que hago desde esta pequeña distancia nos pueda acercar un poco a los nuevos rumbos del arte, la literatura y el encuentro con lo otro, con los otros, con el mundo. Luego serán ocho meses, ocho años, ocho siglos, ocho párrafos. Hoy, después de la noche de James, expone nuestro amigo dibujante y pintor: Gussie L. Valencia, a quien siempre le hemos deseado mucha felicidad con sus obras. Del pensamiento de Riccheetti: “Al carecer de universo, imagina el propio. Lo recrea. Pretende ahondar en la simpleza, al avistar el barroco peinado de sus contertulias momificadas”.



Volviendo al asunto de este escrito, y del conversatorio sobre los dibujos de James Llanos, quisiera advertir que uno de los mayores sentimientos frente al texto narrativo literario es la ansiedad, esa horrible sensación de preocupación surgida de las percepciones alrededor de los acontecimientos del personaje, la tensión que poco a poco va atormentándonos mientras el desenlace nos lleva a buen puerto. Pues en relación con el evento de Ricchetti y James Llanos, ocurrió algo semejante a dicha ansiedad. Como elemento de ilación comunicativa, nos dijeron, a los allí presentes que, una vez culminado el encuentro, podríamos llevarnos uno o varios de los dibujos expuestos. De las exposiciones que conocí o visité en mi vida de espectador cultural, jamás conocí o supe de autores que ofrecieran semejante felicidad y tensión a los visitantes. La misma ansiedad, la misma preocupación del lector frente a las narraciones. Semejante promesa y semejante deseo, ambos mezclados como pólvora en salón de fumadores hicieron tal vez, que la noche fuese mucho más intensa de lo que hubiese podido ser. Paul Klee sostenía que “el arte no reproduce aquello que es visible, sino que hace visible aquello que no siempre lo es.”; en realidad esto fue lo que provocó esta noche de diálogo y lectura. Del texto de Ricchetti: ¡Si le era imposible crear, entonces debía quedar claro que era el auténtico asesino!


El actor y director de Blanco y Negro Teatro,

Alonso Marulanda Alvarez (centro), fue otro de los que se hizo presente en la presentación de "Cuando el Río Acusa", aportando una maravillosa declamación a la concurrencia.


Muchos de nosotros, en particular lo digo por mí, deseábamos también, leer textos poéticos de nuestra autoría, como nos lo había prometido Ricchetti, pero por alguna terrible necedad del escritor chileno, no ocurrió. He notado cierta manía de los chilenos de no valorar lo que nosotros hacemos. Sin embargo, continuamos con las disquisiciones en torno a los escritos, tal y como lo habíamos visualizado. Pueden llevarse los dibujos, pero una vez que termine la lectura de los escritos esbozados del prólogo y los comentarios que puedan ocurrir en torno a ellos. Luego contaré cómo finalizó el evento.



No voy a trazar un punto de vista estético sobre lo ocurrido aquella noche en la Sala Drews Castro, sino que, en lo posible trataré de esbozar tres o cuatro ideas que, por sus aspectos inherentes a la esencia de ser creador cultural, tomé como referencia para hacer esta reflexión que ahora me ocupa. Del prólogo escrito por Ricchetti: “Son el reino del morado; del sórdido índigo, extraño color del espectro de luz que, junto al resto, invita a deambular errante, con salpicaduras del amarillo incapaz de minimizar los hechos”.



Primero, deseo partir de la premisa que en lo que a prologuistas se refiere, la escritura suele agotarse muy rápido. Un prólogo, por lo regular se diluye al tercer o cuarto párrafo, y cierra la idea de modo concreto y veloz sin ir más allá de dos o tres aspectos relevantes del objeto en cuestión. Y, como cierre del texto, ni siquiera existen procesos subsiguientes vinculados al autor o a la obra. El prologuista se aleja del escrito a la brevedad posible y para nunca más. En este caso, por el contrario, muy contrario, la escritura se vuelve extensa y amplia. Fluye y se diluye en muchas más posibilidades expresivas e interpretativas. Mucho más allá de los posible, lo visible y lo común conocido. De ahí el número de textos compartidos con los asistentes y leídos por los escritores y escritoras presentes en el recinto cultural del Teatro Municipal Santiago Londoño Londoño de la ciudad de Pereira. Nos dice Ricchetti: “La fugacidad reemplaza la constancia, el esmero colectivo en busca del valor de lo permanente”.

Segundo, en relación con los dibujos, comparto mi recuerdo particular por las emociones fastuosas que tuvimos todos los asistentes y la alegría insana al saber que podríamos tomar uno o varios de ellos de manera anárquica y llevárnoslos sin tener que justificar de ninguna manera su posesión. No hubo razones monetarias ni emocionales para acceder a los muy bellos dibujos expuestos con motivo de la lectura literaria. Y en una lógica distinta, que tal vez pocos perciban, existen otras ganancias dentro del entorno de las mediaciones culturales como son emociones distintas, recepciones estéticas más profundas y complementarias del tedio ante lo que jamás sucede, es decir, hay otras ganancias mucho más valiosas que las simples monedas del intercambio común entre el arte y el comprador.



“Cuando el río acusa” es una obra que surge en el contexto de los hechos acaecidos en el río Guadalajara de Buga. En árabe, Wad-al-Hayara: río de piedras. Cuando uno visita Buga por cualquiera de las muchas razones, en ocasiones suele aburrirse, y cuando nos aburrimos allí, quizá por el letargo de la tarde, entonces nos vamos al río, y en efecto, el paisaje del río es un paisaje de piedras. Y el letargo entonces, se multiplica y no nos queda otra alternativa que dibujar o escribir. La acotación acerca del origen de los dibujos la hizo el mismo llanos en medio de la charla estética. El encuentro en sí, mixtura de poesía, texto, imagen y performance, se fue convirtiendo poco a poco en una respuesta contundente a los nuevos retos de la estética del siglo XXI, en una respuesta clara y precisa desde el marco de la reflexión receptora de la obra de arte. Ricchetti planteó, desde su modelo de prólogo plural, una manera distinta de interpretar la obra con códigos estéticos mucho más amplios que los que modela la simple cotidianidad de las experiencias culturales modernas. La escritura poética y la expresión visual sirven de paradigma para reflexionar con profundidad acerca del papel del arte en la actualidad de las circunstancias comunicativas y existenciales del ser humano, con su personalidad líquida e irremediable, sus vínculos comunicativos altamente ralentizados gracias a los medios digitales de comunicación, y a sus sentimientos virtuales e inmediatistas. Del texto leído: “Las piedras siguen disfrazadas de rocas sumisas al amparo del infierno”.


Nuestro moderador de la discusión es poseedor de ese don natural de los argentinos de ir por los argumentos de manera clara y precisa para hacer de las ideas críticas un espacio coherente de acercamiento a la producción plástica. Ahora, que las voces escuchadas hayan hecho metástasis en el conversatorio es también un logro de ambos artistas, porque como complemento a las discusiones, James llanos nos ilustraba de manera certera acerca de los significados inherentes a la obra expuesta en la sala Drews Castro. Si recuerdan al famoso Edvard Munch, autor del Grito, sabrán que argumentaba que “el arte deriva de un deseo de la persona para comunicarse con otro.” Y esa intención de interactuar con un receptor no conocido, de cualquier otro lugar, de cualquier otro entorno, es lo que me lleva a proponer este punto de las conversaciones. Poetas, actores, artistas, periodistas, asumiendo con serenidad el rol del receptor y confluir sin dilaciones en un texto monólogo concéntrico que invita a la reflexión de la obra de arte.  Esto dice el texto: “Es la angustia de la mujer, entremezclada de recuerdos, sabores, la amargura de la pérdida y el instinto cierto de la fatalidad”.



Tercero, el diálogo con la obra de arte podría convertirse en un ejercicio bastante significativo si esta tendencia conversacional, reflexiva y socializadora se mantuviera en el proceso de la creación estética. De esta manera la obra se enriquecería con otras miradas, otros apuntes, otras deducciones y nuevas expectativas.  Con Alonso Marulanda, poeta histriónico, hacedor de instantes performánticos, quedé en la promesa del café y la puesta en escena de La otra balada del agua que canta en La Roma; Tal vez no ocurra, igual que no ocurra. Con K. T. Hache quedé en lo del escudo; podría ser. Con los demás, quedé en el luego nos vemos, que sería como la promesa del olvido, como cuando allí mismo, en la sala Drews Castro, un día de agosto, conversé por vez última con el poeta Eduardo López Jaramillo y fue la última. Así que recurro a una frase muy bella de Joan Brossa quien ve el arte y la literatura “como un posible ensanchamiento de horizontes hacia la libertad.” Libertad para ser capaces de mirar al otro en su obra, en sus líneas, en su búsqueda. Libertad para confluir de modo alguno en sus tildes y acentos, en sus perspectivas de mundo y pensamiento y no detenerse nunca, jamás permitir el vacío que sigue al tercer párrafo, y dar el instante al diálogo y al encuentro alrededor del objeto cultural. Y nos insinúa el texto: “El nefasto transcurso del tiempo celebra su alegoría premeditada”.



Cuarto, la velada, en síntesis, fue sensacional. James será una gran idea del arte en Pereira y Ricchetti podrá disfrutar de haber iniciado esta charla deliciosa. No olviden a Gilles Deleuze, dijo algo fundamental: “el arte es lo que resiste”.



Título original: "Cuando el río acusa y las tildes suspendidas en los versos"

 

Escribe:

LEONARDO FAVIO MARÍN*












*Periodista cultural e investigador literario

Periplos distópicos poesía

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