Cualidades de la imagen
- JAMES LLANOS GÓMEZ

- 28 jul
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A propósito de la obra de Rodrigo Grajales, Víctor Galeano y Basilio Silva «La cuestión no es qué hay en una imagen, sino a qué nos confronta y qué deja en la penumbra. Fotografiar no es registrar el mundo, sino interrogar la visibilidad misma.» Harun Farocki El umbral historiográfico y la disolución de autorías en la Sala de Exposición Carlos Drews Castro, en el marco de CortoCircuito, se articula desde un dispositivo curatorial de entrada, el documento crítico de Miguel Torres. Este texto funciona como un paratexto museográfico, un umbral pedagógico y afectivo que enmarca la genealogía compartida entre un docente y dos discípulos. Seis manos operan un único aparato crítico.
A través de un refinado manejo del lenguaje fotoquímico y digital, la exposición propone la disolución de la estricta autoría individual; la producción de Rodrigo Grajales, Víctor Galeano y Basilio Silva converge en un ensamblaje visual continuo, una secuencia rizomática donde el valor tonal, el contraste y el rango dinámico articulan un discurso conceptual unificado. Materialidad, escala y sintaxis de la imagen en esta propuesta expo-gráfica contrapone la monumentalidad del gran formato con la intimidad de composiciones en escala media. La muestra integra un soporte de marquetería de conservación que resguarda doce piezas donde la copia fotográfica se revela en su dimensión matérica.
En ellas confluyen el lenguaje analógico de la escala de grises y la saturación cromática, operando no como meros recursos técnicos, sino como planos de luz, dinámicas de encuadre y temporalidades superpuestas. Esta sintaxis de la imagen pone en constante tensión la anatomía humana con el entorno geográfico y las fisuras del surrealismo cotidiano. El cuerpo como documento y archivo vivo en la representación del trabajo no se limita al registro socio-documental, sino que inscribe en la epidermis de los sujetos la biósfera del oficio y las pátinas del tiempo acumulado. La infancia campesina, como sujeto fotográfico que suspende el espacio pictórico desde un performance involuntario.
La naturaleza muerta dialoga con composiciones de tensión telúrica, equilibrando la inocencia con la gravedad del medio. El tránsito y la física del movimiento de estas capturas que congelan el tiempo para proponer un acontecimiento en el papel fotosensible, son unos testimonios documentales, convirtiendo la suspensión del instante en un índice de trance. El retrato monumental como dispositivo de contemplación en el centro neurálgico del recorrido museográfico a través de tres retratos de gran formato, se imponen como la densidad máxima del discurso. Tres rostros, tres escalas humanas y tres trayectorias unificadas bajo la sobriedad de un gesto contenido.

Más que meras representaciones figurativas, estos retratos operan como dispositivos de confrontación táctil y afectiva con el Alter (el Otro). En la superficie de sus facciones, en la micro-textura de la piel y los pliegues de la sombra, no solo habita la belleza o el rasgo identitarios, sino también la avería, la fractura, el acontecimiento socio-histórico y la arquitectura interna de la condición humana. Esta museografía de la mirada exige descentrar la pasividad del espectador. Lo fuerza a habitar la grieta entre el valor de documento de la fotografía y su potencia como cuerpos. Ante estos rostros, la imagen fotográfica deja de ser una reproducción indexada de la realidad, para transformarse en un espacio de revelación política y estética.
Escribe: JAMES LLANOS GÓMEZ*

*Pintor, artista plástico y uno de los artistas más relevantes a nivel nacional. Curador de la Sala "Carlos Drews Castro".




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