Malestar contra la desfinanciación cultural
Actualizado: hace 3 días

Hacia las 11:00 de la mañana del pasado 21 de septiembre, el centro de la ciudad dejó de ser trámite para volverse escenario. Actores, actrices, gestores, creadores y trabajadores de la cultura llegaron con pancartas, con rabia contenida y con una pregunta común, hasta la puerta del Ministerio de Cultura.
No era una función. Era un plantón.
Lo que los convocó fue una decisión que cayó como un telónazo en seco: bajo el gobierno del presidente Abelardo de la Espriella, el Ministerio de Cultura, ahora en manos de la ministra Paola Holguín, resolvió cancelar la fase definitiva de los Premios y Reconocimientos del Programa Nacional de Estímulos 2026.
Por primera vez en 27 años de historia de la convocatoria, no habrá ganadores.

La medida quedó en firme con la Resolución 1887 del 14 de septiembre de 2026, firmada justo un día antes de que venciera el plazo para publicar los resultados, el 15 de septiembre. Con ella, 1.308 propuestas que ya habían pasado el filtro de requisitos —351 aspirantes a Premios Nacionales y 957 a Reconocimientos— se quedaron sin jurado, sin evaluación y sin estímulo.
La convocatoria había abierto en febrero, extendió plazos, ajustó cronogramas en marzo y junio. Lo que nunca llegó fue el paso clave: el nombramiento de los jurados, que debía estar listo el 15 de julio. Sin esa designación, el proceso quedó a la deriva.
El Ministerio argumentó que el Grupo Interno de Trabajo de Convocatorias y Estímulos no tiene el personal técnico ni la capacidad institucional para asumir la carga. Que el equipo está absorbido en cierres financieros, tutelas, derechos de petición y en saldar pendientes de otras convocatorias.
A la protesta se sumó, desde X, la senadora Jennifer Pedraza. Para ella, lo ocurrido no es un error administrativo sino el síntoma de una puesta en escena más grave. Cuestionó el nombramiento de Holguín, a quien señaló por su desconexión con el sector, y denunció que lo que el Ministerio llamó “diálogo” fue en realidad un monólogo, donde solo se escucharía la versión oficial.
“La obra de terror para el sector cultural”, escribió. Y advirtió que los platos rotos no los pagan solo los artistas, sino la sociedad entera.
Declaración

Mientras afuera crecía el plantón, adentro la ministra Paola Holguín entregó su versión. Dijo que al asumir el cargo el 7 de agosto encontró un ministerio con deudas y retrasos heredados. Habló de obligaciones por más de 185.000 millones de pesos, de los cuales más de 75.000 millones corresponderían a premios de convocatorias pasadas aún sin pagar, una herencia —según ella— de la administración de Gustavo Petro.
“No teníamos 900 millones que valen los jurados”, afirmó. Y agregó: “No teníamos 9.000 millones, que era lo que costaban los premios, 7.200 millones de ellos entre finales de septiembre y principios de octubre. Es mejor decir la verdad que no continuar engañando”.
Entre una versión y otra, lo concreto es que 1.308 proyectos culturales del país se quedaron este año sin la posibilidad de ser reconocidos y financiados.
Alerta final: la cultura no se sostiene con aplausos

Lo que hoy se presenta como un problema de caja, de falta de personal y de deudas acumuladas, esconde un riesgo mucho mayor: la desfinanciación estructural de la cultura.
Cancelar estímulos no es solo suspender una convocatoria. Es cortar la cadena de creación en el eslabón más frágil: el artista emergente que esperaba ese primer premio para producir, el gestor comunitario que sostenía un festival con ese reconocimiento, el colectivo regional que veía en esos recursos la única forma de existir.

Si el Estado normaliza que no hay 900 millones para jurados ni 9.000 millones para premios, pero sí hay presupuesto para otras prioridades, está enviando un mensaje claro: la cultura es prescindible.
Y no lo es. Cada estímulo que no se paga es un libro que no se publica, una obra que no se estrena, un archivo que no se preserva. La precarización no es un efecto colateral, es una política cuando se repite.
Lo que se jugó ayer frente al Ministerio no fue solo el 2026. Fue si el país entiende que sin financiación pública, continua y digna, la cultura deja de ser un derecho para convertirse en un privilegio de pocos.
Aunque se esperan manifestaciones similares en el resto del país, al cierre de esta edición no se brindó información al respecto.
Fuente: ARCÓN CULTURAL





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