Los libros siguen vivos
- UMBERTO SENEGAL

- hace 4 horas
- 11 Min. de lectura

CARLOS ARIEL CASTRO GIL
Briznas de neblina
Haikus
Seusba Editorial
Concepto de cubierta y diseño:
Anid Jocabed
Fotografía del autor:
Gérard Debode
Fotografías internas:
Gérard Debode
Carátula:
Anid Jocabed
Primera edición, noviembre de 2025
Calarcá, Quindío
88 páginas
El perseverante trayecto literario del calarqueño Castro Gil, estudiando y leyendo, difundiendo el haiku quindiano, colombiano e internacional como pocos escritores lo han hecho en nuestra región cafetera, con excepciones honrosas de los poetas Carlos Alberto Agudelo Arcila, Carlos Alberto Castrillón y Carlos Alberto Villegas, comenzó en Tuluá, abril 1991, donde Carlos Ariel laboraba 34 años atrás, con la publicación de su bien diseñado plegable Universos. Impreso en Calarcá por Ediciones Kanora, también incluía tankas de autores japoneses. Y microrrelatos de narradores de diferentes partes del mundo.
Continuando su actividad literaria, en enero-febrero de 1992, junto con su hermana María del Rosario Castro Gil, edita el primer número del plegable Calarcá Literaria que, hoy por hoy, elegantemente diseñado por Francisco López Quintero, en 2025 sigue vigente, siendo la única publicación física periódica que con su formato y contenido circula en nuestro departamento dedicada por completo a divulgar la poesía y el microrrelato. Tímido y discreto, solo ahora se decide a compartir una amplia y selecta muestra de haikus que escribía y conservaba para sí mismo. Briznas de neblina surge de sus permanentes lecturas de haiku clásico japonés y haiku occidental, no ceñidos siempre a la tradicional norma 5-7-5, y de su contemplación del paisaje calarqueño, la vida cotidiana, la fauna y flora de nuestro esplendoroso Quindío.
El maestro de zen soto, Taisen Deshimaru, escribió que “el tiempo no es una línea, sino una serie de puntos en el ahora”,y cuando alguien escribe haiku según viene haciéndolo Castro Gil, es porque está consciente de cada uno de dichos puntos existenciales en su vida. En su presente. Cada haiku suyo es un punto poético firme. Y en este punto temporal resaltado por Deshimaru, Carlos Ariel concentra su estética, su poética y su forma de percibir y describir el mundo:
de lejos
la cima del yarumo
es copo de nieve
Una literaria serie de puntos poéticos, de contemplación interna y externa, hechos poemas en la página. Puntos seguidos en su recatado trasegar por el pueblo. Puntos justos, de disidente métrica, los haikus aquí agrupados proporcionan a la historia literaria quindiana otro libro más de tal forma poética oriental haiku que enriquece nuestra variada poesía. Preciso y sencillo punto, este libro, en el ahora. Escritos en diferentes períodos de su vida, nunca tuvo prisa por publicarlos. Con nadie los compartía.
Cuando en 2023 decidió darme a conocer varios de ellos, vi en estos breves destellos de sensibilidad los tres versos representativos del haiku que florecían, perfumaban y palpitaban escuetos desde las estrofas con cuerpo y espíritu de auténtico haiku. Con este volumen, el sello independiente Seusba Editorial, de la poeta y editora calarqueña Anid Jocabed, inicia en su empresa la publicación de haiku quindiano y colombiano.
la heliconia
embellece el plumaje
del colibrí
Cada haiku de estos donde el haiyin calarqueño no constriñe a la métrica japonesa ortodoxa sus fascinaciones con el mundo que le rodea, adoptando elementos naturales del haiku en el fondo de sus palabras; desde sus estéticas miradas al mundo y a las circunstancias cotidianas, es leve y segura pincelada visual del poeta quien sin estridencias intelectuales, con exceso de humildad literaria -por fortuna superada en este libro- ha escrito sus haikus y decide compartirlos con quienes conocen tal género. O con cuantos nunca han escuchado nada sobre dicha forma poética de origen japonés y la descubrirán entre estos bellos ejemplos.
graciosa visitante
corretea por el maizal
ardilla andina
No son muchos los escritores regionales que han publicado libros completos con haiku en nuestra región. Tal género se encuentra con haikus dispersos y poco numerosos, en algunos libros de poesía quindiana. Junto a poemas extensos, los encontramos en libros de Juan Aurelio García, Bernardo Pareja, Daniel Moreno, Rubén Darío Flórez, Alfonso Osorio, Carlos Alberto Villegas, Carlos Alberto Agudelo Arcila y José Adán Zamora.
Jorge Iván García, estudioso y difusor de la obra de J. Krishnamurti desde cuarenta años atrás, es uno de los poetas quindianos cuyos haikus, inéditos en alto porcentaje, son frutos literarios de alta expresión poética zen. Admirable combinación entre la esencia y forma del haiku tradicional japonés y el espíritu cordillerano de nuestra comarca, cada haiku de Carlos Ariel destila instantes detenidos como si consciente de la fugacidad del tiempo deseara guardar en pocas sílabas el murmullo de los cafetales, el vuelo de un colibrí o el canto de las golondrinas o las lechuzas. O el maullido de un gato.
Cuanto en Japón fue para los haiyines el canto de la cigarra o la nieve sobre una estatua de Buda, en los haikus del calarqueño se transforma en canto de turpial, en neblina sobre las montañas o luna llena surgiendo entre platanales. Briznas de neblina manifiesta la sensibilidad estética del autor. La disciplina con que asume la cimentación formal de cada haiku. He asistido, con sorpresa, al autorrefinamiento estructural y temático continuo e infatigable de Carlos con sus haikus buscando encontrar la palabra precisa, o el silencio correcto, el sustantivo justo con los cuales plasmar en cada una de estas estrofas aquello percibido como expresión visual del poema.
Su escucha atenta y amorosa del entorno calarqueño, por ejemplo, sin pretender exotismos ni someterse a la ortodoxa estructura clásica, que tampoco siguen numerosos maestros del género en Japón u otros lugares del mundo, se mantiene fiel al rasgo esencial del haiku: captar lo efímero y volverlo atemporal en imágenes precisas. Sin poseer Castro Gil una formación zen tras de su producción poética, en estos preciosos y naturales poemas encontramos lo bello y tranquilo, no de lo grandilocuente sino de lo simple. Lo afirman numerosos teóricos del género: “Un haiku no describe, muestra. No reflexiona: deja que la imagen respire sola”.
R. H. Blyth, notable estudioso y traductor de haiku, escribió: “Haikú is simply what is happening in this place, at this moment”. El haiku es simplemente lo que está ocurriendo, aquí y ahora. Y ese aquí y ahora es, en este caso y en los poemas de este libro, Calarcá. Lugar apacible entre montañas de brumas mañaneras y tardes llenas de café. Ciudad sobre letras donde la cotidianidad no es anécdota, es universo en miniatura. El canto del gallo, el susurro del guadual, todo convive en estos haikus con la naturalidad de quien observa sin juzgar, sin poner al yo en el centro, sino al mundo.
Castro Gil logra algo difícil: no imita al haiku japonés. Lo encarna en nuestro propio territorio. Como si Bashō hubiese descendido de su camino al norte y cruzando océanos se hubiese sentado un momento en una carretera rural quindiana, al borde de un cafetal, o un platanal calarqueño para escribir en silencio. Para caminar al lado del poeta calarqueño. Sin decirle nada. Solo observándolo. Estos haikus, escritos en Calarcá, demuestran que tal forma poética no pertenece solo a Japón, sino que es una forma universal de mirar y señalar con pocas palabras, en tres versos lo más cortos posible, aquello que todos viven y ven a diario y sin embargo nunca se detienen a celebrar como maneras de sentir la vida y el mundo.
Esta mirada atenta, sencilla, amorosa, es la que resplandece aquí como primera luz sobre los cafetales, sobre los naranjos en cosecha, sobre las brillantes hojas de los platanales facilitándonos como lectores profunda concentración en la experiencia y conectándonos con la realidad. Un libro de haiku quindiano para comprobar con sus poemas que Basho no se equivocó cuando dijo que “el haiku es el camino para penetrar en la vida de las cosas y conectarse con ellas”.
Escribe: UMBERTO SENEGAL*
*Nació en Calarcá, Quindío, Colombia. Poeta, cuentista, ensayista, educador y editor. Director del Centro de Estudios Robert Walser (Calarcá, Quindío, Colombia). Licenciado en Español y Literatura. Ha colaborado en múltiples periódicos y revistas de Colombia y otros lugares del mundo. Sus haikus han sido traducidos a 12 idiomas. Algunos de sus textos en prosa y verso figuran en antologías dentro y fuera del país. Fundador y Presidente de la Asociación Colombiana de Haiku. Coordinador del Centro de Estudios Bizantinos y Neohelénicos, Miguel Castillo Didier. Codirector del Centro de Investigación y Difusión del Minicuento, Lauro Zavala. Vicepresidente de la Fundación Pundarika. Asesor literario y coordinador de Cuadernos Negros Editorial, de Calarcá, Quindío. Ha editado y dirigido varias revistas y periódicos literarios entre ellas la Revista de arte y literatura, Kanora. Ganador de varios concursos regionales de cuento y poesía. Ha publicado 24 libros de poesía, minificción, cuento, haiku y ensayo. Tiene varios libros inéditos sobre Robert Walser. IM: Entre cuento, haiku, minificción, poesía, ensayo o lo que tú denominas cuento atómico, ¿con cuál te sientes más cómodo? ¿Por qué? US: Cada forma literaria de las enunciadas por ti, me satisface a plenitud cuando es con esa expresión verbal, con ese género determinado que mis vivencias, mis emociones, sentimientos e ideas, buscan exteriorizarse por escrito. Cada impresión interior elige, no sé cómo, la forma literaria para concretarse. Del cerebro al papel, ocurre la elección del género. La intensidad de la vivencia adopta una estructura de acuerdo con la conciencia que tenga yo del evento. Surge entonces un haiku. Germina una minificción. El cuento atómico llega como cincelado en la imagen, en el acontecimiento que lo inspiró. Con ninguno realizo esfuerzos más allá de las correcciones adecuadas cuando el texto se convierte en realidad literaria. Todos me son placenteros y con cada uno de ellos, cuando el hecho así lo produce, me siento íntimamente conectado, sin contradicciones de ninguna índole, sin arrepentimientos porque quise decir algo en un género y lo especifiqué en otro. IM: ¿Por qué no le cuentas a nuestros lectores acerca de Robert Walser? US: Sí, contémosle a quien tenga el alma, la conciencia, todos sus sentidos abiertos al máximo, que Walser fue un iluminado zen y nunca lo supo. Nadie se lo dijo en el manicomio de Herisau. Hablémosle al oído, a quien pueda escuchar susurros de este tipo, sobre el mayor y más desconocido (ahora, no tanto) escritor que ha dado el mundo en los últimos cien años. Walser, el escritor de lo superficial, de los detalles visibles y mínimos, abre desde ellos los abismos literarios donde pocos son capaces de descender. Desde la materia, lo cotidiano sensorial, señala senderos sicológicos, metafísicos, filosóficos, religiosos y estéticos a fenómenos del mundo y la vida, de los sentimientos, la soledad, el paisaje, el ser y la nada, que pocos narradores y poetas han trazado para caminarlos como lectores o protagonistas. Cuando se conoce la obra de Walser, es imposible seguir impasible al mundo que nos rodea. Todo se llena de nuevas voces. Nuevas miradas. Nuevas reflexiones. Todo se llena de síntesis pero también de dimensiones nuevas hacia lo real o lo imaginario. Hombre y obra son conmovedores. Te lo aseguro: nadie queda incólume, nadie desea seguir igual cuando ingresa a la obra de Walser. Entre sus múltiples dimensiones literarias, tiene la magistralidad de lo breve. Puedes comenzar por los tres volúmenes de Escrito a lápiz: Microgramas I (1924-1925), Microgramas II (1926-1927) y Microgramas III (1925-1932). Uno de los más bellos estudios sobre su obra y vida, lo escribió Jürg Amann y se llama: Robert Walser. Una biografía literaria. IM: ¿Cuál es la motivación de Cuadernos Negros para publicar microrrelatos? US: Nuestra admiración por el género. El gusto íntimo de leerlos y contribuir a que otras personas los lean y disfruten también. El gozo de fructificar, aunque parte de la cosecha se pierda. Alguna ave se acercará a comer sus frutos. Igual que escribirlos, la nuestra con Cuadernos Negros y su sección de minicuentística regional, nacional e internacional es una acción no premeditada, no comercial, no utilitarista ni con presunciones literarias de ninguna índole. Innegablemente, dejar una huella del género en nuestra ciudad, en nuestro departamento y tal vez en nuestro país. Contribuir a su visibilización dentro de la narrativa y, en particular, dentro del cuento en Colombia y en el Quindío. Es como señalar la aparición del arcoíris a individuos que van de prisa y no les importa el arco, ni el día, ni el mundo donde viven. Por cuanto se refiere a Colombia, a los teóricos que en algún momento escribirán la historia del género, es confirmarles con cada uno de los cuadernos editados -parte de obras más desarrolladas en sus autores-, que en el departamento del Quindío por algún motivo no académico el microrrelato ha tenido, tiene y tendrá raíces recónditas en la literatura y la visión que el hombre contemporáneo posee de la sociedad actual. De toda realidad. De todo imaginario. IM: Atrévete a hacer un listado imprescindible de libros dedicados al microrrelato. US: Seductora tu propuesta. Veinte años atrás, se habría podido hacer, en torno al género en lengua castellana, dicho listado sin vacilaciones ni vacíos. Diez años atrás, se habría complicado la enumeración de autores y obras. Pasos de dinosaurio. Y de por medio habría sido ineludible comenzar a citar a los teóricos, a los comentaristas, a cuantos sin condicionamientos narrativos fueron aproximándose al género desde otros puntos de vista. Cinco años atrás, el listado comienza a convertirse en una torre de Babel. Bodega de Babel. La minificción hace explosión e implosión. Por sobre los criterios editoriales de los grandes empresarios del libro. Por sobre los cuestionamientos de los críticos y los lectores. Por sobre el gusto literario predominante. El viejo canon del microrrelato se derrumba. Los lectores que descubren el minicuento, imponen sus propios gustos. Revelan obras y autores. La minificción se crece a pesar de todos y contra todos. Proteica en sus formas, en sus temas, en su extensión, en su estructura. La minificción clásica y la posmoderna se atraviesan, se inseminan, se mezclan, se enriquecen a partir de los elementos utilizados por autores reconocidos como pioneros y los recursos de millares de jóvenes incursionando en el género, presentando sus propuestas sin temor ni reverencias para con nadie. ¿Listado?... ¡Dios mío, si cada país tiene decenas de buenos autores y no voy a caer aquí en el error de citar aquellos que los antologistas siempre incluyen en sus colecciones eruditas y limitadas! Los estudiosos descubren cada día nuevos narradores, antiguos o modernos, que rindieron culto a dicho género, a veces sin saber qué estaban escribiendo al parir textos breves sin un sitial definido dentro de la narrativa, dentro del cuento o la poesía en prosa. De Colombia, tengo en mi archivo una bibliografía del minicuento con cerca de 1.000 autores quienes, en menor o mayor grado, han incursionado en el género. Y en cada país de Hispanoamérica sucede igual. Solo se requiere comenzar a leer y entender los textos desde tal perspectiva literaria y narrativa, para hallar perlas, tesoros de todo tipo. IM: ¿Hacia dónde va el microrrelato en Colombia? Trázanos un mapa. US: Hacia la madurez técnica y formal del género. Colombia, como México y Argentina, como Venezuela, contribuye a consolidar las diversas variantes del microrrelato en castellano. Nuestros autores, los destacados porque alguien los incluye en un libro atendiendo a su particular gusto, a sus inclinaciones y compromisos o a su capacidad investigativa; y los menos conocidos, porque son poco visibles para los lectores y los timoratos editores con garra comercial solo para la novela o el ensayo, impulsan día tras día por diferentes medios la realidad literaria y genérica del minicuento. En Colombia la minificción tiene identidad específica. A pesar de sus detractores, casi todos ellos desconocedores de sus raíces y su evolución, el microrrelato ocupa lugares privilegiados en universidades, revistas, periódicos, cátedras, estudios, etc. Un recorrido por los blogs, portales, revistas y páginas de todo tipo en internet, puede abrirle los ojos al más insensible de los lectores que subvaloran el género. El microrrelato en lengua castellana es un dinosaurio que camina seguro de sí mismo, sin hacerle daño nadie y sin que ninguno pueda detenerlo o herirlo, desde mediados del siglo XX, hacia la consolidación literaria de un género representativo del pensamiento y la vida del hombre y la sociedad del siglo XXI. Un dinosaurio capaz de transformarse en mariposa, en gato, en mosca, en oveja, en colibrí, de acuerdo con la mirada del observador. IM: ¿Edición tradicional, nuevos formatos, formatos digitales? ¿Cuál es la plataforma más adecuada para el microrrelato en tu concepto? US: Esta es una de las sobresalientes virtudes del género: todas las plataformas son adecuadas para un microrrelato. Cabe en cualquier sitio. Se ve soberbio y seductor en diversos formatos. Desde una arcaica enciclopedia de papel hasta un sencillo celular. En una pared, como grafiti. En un cuadernillo. En un voluminoso libro. En una hoja volante. En la pantalla. En la voz de quien lo relata. Ave para cualquier nido. Ave de todas las estaciones. Donde encuentro un microrrelato, lo saludo con emoción. ¡Son tan visibles, tan discretos pero tan deslumbrantes! Décadas atrás, el libro era su cuna, su pedestal. Sigue siendo uno de sus receptáculos tradicionales, pero el microrrelato se tomó los espacios tecnológicos para configurar una nueva manera de ser leído asimilado, comprendido y observado. Un libro: El Tao-Teh-King. Una película: El ladrón de bicicletas. Una comida: Cualquier variedad de tamal colombiano. Una ciudad: Agarttha. Un deseo: Escribir una noveleta por el estilo de La paloma, La casa de las bellas durmientes o Seda. Un secreto: La técnica sicológica que empleo para escribir un Cuento atómico. Un amor platónico: En realidad, tres: Lolita, Alicia y Caperucita roja. Una frivolidad: Asistir a conferencias donde sus expositores emplean el discurso vacío. Un capricho: La multiplicidad de sentidos en algo que escriba. Un haiku, un cuento atómico. Un insulto: ¡Haces gárgaras con la menstruación de tu madre! Tomado de: http://revistamicrorrelatos.blogspot.com/



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