Muere director ganador del Oscar
- Arcón Cultural

- hace 1 día
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El cine argentino amaneció con una ausencia difícil de nombrar. Luis Puenzo se fue a los 80 años, como si una de sus propias escenas hubiera decidido apagarse en silencio, dejando suspendida en el aire esa pregunta incómoda que siempre atravesó su obra: qué hacemos con la memoria.
No fue solo el director de La historia oficial; fue quien abrió una grieta luminosa en la pantalla para que el país se mirara sin maquillaje. Aquella película, nacida entre sombras recientes, no solo le dio a Argentina su primer Oscar, sino que le devolvió al cine una voz que temblaba, pero decía. Desde entonces, su nombre quedó ligado a ese gesto: narrar lo que duele, incluso cuando duele demasiado.
Legado

Antes de ese punto de quiebre, había sido un hombre de imágenes en otro territorio: la publicidad, los bocetos, los guiones que buscaban forma. Dibujó, escribió, probó caminos hasta que el cine lo eligió como se elige una obsesión. Y cuando finalmente dirigió, lo hizo con una certeza extraña: contar no era suficiente, había que incomodar.
Después vinieron otras rutas: Gringo viejo, La peste, La puta y la ballena. Historias atravesadas por geografías distintas, lenguajes diversos, pero siempre con esa tensión entre lo íntimo y lo histórico, entre el individuo y su tiempo. Puenzo parecía filmar como quien intenta descifrar una herida.
Trascendencia

También habitó los márgenes menos visibles del cine: las leyes, las instituciones, los espacios donde se decide qué historias pueden existir.
Impulsó, discutió, incomodó otra vez. Incluso cuando su paso por la gestión pública terminó entre críticas y desencuentros, persistía en él la misma pulsión: defender un territorio para la creación.
Hoy queda su obra, que no es poco. Quedan las imágenes de una mujer dudando frente a la verdad, de un país reconstruyéndose entre fragmentos, de personajes que buscan sentido en medio del ruido. Y queda, sobre todo, esa sensación de que algunas películas no terminan cuando se apagan las luces.
Luis Puenzo se fue, pero dejó encendida la pantalla.
Fuente: ARCÓN CULTURAL




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