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Muere director ganador del Oscar


Luis Puenzo, la mano detrás del film "La puta y la ballena" (2004)
Luis Puenzo, la mano detrás del film "La puta y la ballena" (2004)

El cine argentino amaneció con una ausencia difícil de nombrar. Luis Puenzo se fue a los 80 años, como si una de sus propias escenas hubiera decidido apagarse en silencio, dejando suspendida en el aire esa pregunta incómoda que siempre atravesó su obra: qué hacemos con la memoria.



No fue solo el director de La historia oficial; fue quien abrió una grieta luminosa en la pantalla para que el país se mirara sin maquillaje. Aquella película, nacida entre sombras recientes, no solo le dio a Argentina su primer Oscar, sino que le devolvió al cine una voz que temblaba, pero decía. Desde entonces, su nombre quedó ligado a ese gesto: narrar lo que duele, incluso cuando duele demasiado.


Legado


Cuando ganó el Oscar en 1986 por "La Historia Oficial", verdadero retrato de la realidad argentina de entonces.
Cuando ganó el Oscar en 1986 por "La Historia Oficial", verdadero retrato de la realidad argentina de entonces.

Antes de ese punto de quiebre, había sido un hombre de imágenes en otro territorio: la publicidad, los bocetos, los guiones que buscaban forma. Dibujó, escribió, probó caminos hasta que el cine lo eligió como se elige una obsesión. Y cuando finalmente dirigió, lo hizo con una certeza extraña: contar no era suficiente, había que incomodar.


Después vinieron otras rutas: Gringo viejo, La peste, La puta y la ballena. Historias atravesadas por geografías distintas, lenguajes diversos, pero siempre con esa tensión entre lo íntimo y lo histórico, entre el individuo y su tiempo. Puenzo parecía filmar como quien intenta descifrar una herida.



Trascendencia


También habitó los márgenes menos visibles del cine: las leyes, las instituciones, los espacios donde se decide qué historias pueden existir.


Impulsó, discutió, incomodó otra vez. Incluso cuando su paso por la gestión pública terminó entre críticas y desencuentros, persistía en él la misma pulsión: defender un territorio para la creación.



Hoy queda su obra, que no es poco. Quedan las imágenes de una mujer dudando frente a la verdad, de un país reconstruyéndose entre fragmentos, de personajes que buscan sentido en medio del ruido. Y queda, sobre todo, esa sensación de que algunas películas no terminan cuando se apagan las luces.


Luis Puenzo se fue, pero dejó encendida la pantalla.



Fuente: ARCÓN CULTURAL


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