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Con ustedes: ¡El Capitán Pogo!


«El sonido de los años 90, para mí, es una combinación del alma y de la calle: es un sentimiento» (Nas)


Damián Zapata, primero conocido como Don 38, y luego como El Capitán Pogo, es uno de los raperos más icónicos de Pereira y Dosquebradas. Un MC de la llamada Vieja guardia del Hip Hop pereirano, que viene desde los años noventa, haciendo cultura, historia y dejando huellas en canciones que han trascendido el tiempo y han arraigado en el movimiento regional y nacional. Él es un artista con feeling, es decir, sus letras son una ráfaga de sentimiento, pasión, furia, de desahogo social, sobre una base melódica que cala en los jóvenes y entre los fanáticos de su música.


     Las clásicas canciones tituladas «Los mausoleos», «Oh, señor», «Los incomprendidos» y «Frailes al aire» son una muestra del estilo y pasión musical que data desde sus comienzos como artista Hip Hop. Aunque como todo, él ha tenido una evolución en su carrera, pues empezó cantando rap caleto o «rap underground», luego su voz estuvo marcada por el flow necromántico en el subgénero llamado «rap hardcore» y en la actualidad su estilo ha girado hacia el dancehall o ragamuffin que lo ha consolidado en temas como «Tu Shaggy», «Caramelo», «Fiesta no pare», «Brinquen» y otros.


     Gracias a esta entrevista que nos concedió podemos conocer apartes de su vida y obra, y también profundizar en la historia del movimiento urbano en Pereira que se dio (y sigue dándose) en solistas talentosos, grupos profesionales y familias musicales que agrupan bandas asociadas. Sin más, bienvenidos y bienvenidas a esta conversación con uno de los artistas más emblemáticos del departamento.

***

Diego Firmiano:. ¿Cómo fueron sus comienzos en el rap?


Capitán Pogo:. Fue hasta extraño, porque empecé por allá por los años noventa bailando House con Dr. Alban, Vanilla Ice, y otros. En ese entonces había un apogeo de esta música. En los cumpleaños, en los barrios, los parques se veía gente disfrutando este género, practicando, haciendo piruetas que llamaban: «mortales», «ismilyfe», «windis», «tropa rex». Así que, sea dicho, inicié con el House Music. Mas adelante, con raperos que venía de Medellín y Estados Unidos, conocí el «Breakdance» y también recuerdo la aparición del primer álbum de Snap, donde los jóvenes comenzaron a asimilar que podía hacerse algo llamado «Beatbox» o la caja, el bajo, el golpe vocal.


Así que sin mente e impresionado por todo eso, en el colegio me encontré con unos parceros y formamos un grupo al que nombramos «Street King Hard». Fue en el barrio Las Vegas en el año de 1991 y 1992. Éramos cinco, Tekila, Toribio, Cáncer, el Tingui y yo. En esos días también conocimos a La Maritza y El Tejada que serían dos artistas fundamentales para la conformación de lo que sería después la familia conocida como Darkside.


D.F:. ¿Cuándo nace su nombre artístico de 38?


C.P:. Antes me conocían como Damián, porque es mi nombre, Damián Zapata, sin embargo, en 1997 un parcero llamado el Seven me bautizó con la chapa de 38. Realmente nosotros nos hacíamos conocer como la familia de los fierros. Al inicio me sentía raro, porque 38 era un sobrenombre que infundía miedo, intriga sensación.  Como dije, primero éramos «Street King Hard», luego evolucionamos a La Franca, que fue una rama del Darkside, una de las grandes familias del Hip Hop en Pereira de los años noventa, junto con The Joint Solid en el barrio Cuba.



D.F:. ¿Y Capitán Pogo?


C.P:. La chapa de «Capitán Pogo» fue un accidente. Yo saqué un álbum de dancehall que no lo comercialicé porque me faltó remasterizarlo, bueno, asuntos más técnicos. Ese álbum se llamaba «El Capitán Pogo». Entonces la gente comenzó a llamarme «Capitán Pogo», «Capitán Pogo». Me quedó sonando, lo adopté y de ahí en adelante fui bautizado como «Don 38 Capitán Pogo», que en realidad, es una fusión de dos formas curiosas: Don 38 que es el símbolo del rap pesado y Capitán Pogo, que suena más party, más reggae.



D.F:. ¿Qué músicos o artistas del rap fueron sus influencias?


C.P:. Siempre me impactaron los Kris Kross y su forma de vestir. En ese entonces era muy pequeño y no tenía manera de conseguir ropa ancha. Tanto así, que le dije a mi papá que me regalara la que no utilizaba. Me la ponía y me quedaba grande y no faltaba la gente que me criticaba. Pero era más por la ignorancia de la sociedad, porque el movimiento ya venía muy arraigado hace mucho tiempo en Estados Unidos, pero apenas en Colombia, o en Pereira, estaba de moda.


En Bogotá existía agrupaciones como Gotas de Rap, la Etnia, Estilo bajo; en Medellín había grupos y clicas bailando breakdance desde 1985. Entonces en Pereira llegó tardía la cultura, pero llegó. Ya cuando se puso de moda la ropa ancha, en el centro de la ciudad se vendían los pantalones grandes de tela, los cinco bolsillos. Y en cuanto a mis referencias, me gustaban canciones como The Phuncky Feel One de Cypres Hill; Jump de Kris Kross; Informer de Snow; Here Comes The Hotstepper de Ini Kamoze. Fue un apogeo. En ese entonces la música era muy real y pura. Luego entró la electrónica, fue otra onda.



D.F:. Y en ese tiempo venía la música en casete…


C.P:. Sí, a nosotros nos tocó la época más bonita de la música, porque empezamos desde el casete, a la evolución del cedé, hasta ahora que están los medios digitales. Y antes, por supuesto, El LP fue la sensación. Yo tengo dos platos originales de EPMD y Public Enemy. En Colombia todo ha sido un retraso de 10 años. Ahora venden computadores y a la vuelta de un clic se consigue lo que quiera, pero en nuestra época era difícil salir a la calle y conseguir una canción de rap o un álbum. Por ejemplo, si salía lo nuevo de Cypres Hill, sonaba primero en Estados Unidos, entonces alguien tenía que ir hasta allá y traerlo en físico. Así que, ¿cómo se regaba la música en la ciudad? Intercambiando casetes. Ahí empezó el arte de coleccionar música.



D.F:. ¿Alguna letra que se acuerde de sus comienzos musicales?


C.P:. Sí, en ese tiempo vivía en el barrio Los Pinos, entonces trataba de imitar la canción del profesor Yarumo en un sampleo que decía más o menos así. «Allá arriba en Los Pinos han matado un fulano que también…» y también salió un disco llamado La Perla del Otún que decía: «ron, run, perla del Otún, hermano colombiano, darnos el apoyo, para salir del hoyo, con el desarrollo» Esa y otras fueron las primeras letras que empezaron en el colegio.



D.F:. ¿Cuál fue su primer álbum formal?


C.P:. En los años noventa buscar dinero para poder grabar era una prioridad y no se hablaba de álbumes sino de temas, de sencillos o como llaman singles. Había pocos estudios de grabación en Pereira, pero conocimos en ese tiempo a Diego Pareja de Tránsito Libre y le expusimos nuestro proyecto musical, y acordamos grabar por horas. Entonces teníamos que ensayar fino, ir hilitos a cantar en el estudio porque cada minuto valía dinero. Con mi familia musical, La Franca, salíamos a vender empanadas, hacer rifas, todo con la motivación de lograr grabar.



El primer trabajo conciso se llamó: «Hip Hop Complot.» La ciudad lo recibió muy bien. Comenzó el apogeo de La Franca. Éramos estrellas pobres, teníamos fama sin plata. Había que fiar el cedé. Yo tenía las maquetas de las canciones, entonces motivaba a los parceros para que trabajáramos sobre eso, eso sí, respetando las sugerencias de ellos, los cambios, el arte. Cada uno tenía su propia idea, pero coordinábamos siempre. Empezamos con «Pareja Records», allá grabamos «Hip Hop Complot.» Luego seguimos grabando temas en estudios caseros de la ciudad.



D.F:. Ahora conversemos sobre su flow, porque es característico, ¿siempre fue así?


C.P:. No, no, eso fue una entera evolución. Al inicio cantaba a lo paisa, antioqueño, muy arraigado a la costumbre de acá. Tengo que decirlo, no había feeling, solo se armaba el palabreo. Se tomaba la rima y seguíamos del golpe de la pista. Nada más. Pero cuando llega nueva música, el hip hop reggae en artistas como Mad Lion, Buju Banton, Ragga Champion, y otros, entonces comienza a tomar forma mi flow, el estilo de la voz, los giros y lo que llamamos arte dentro de las pistas, el feeling.  Esto ya lo venían trabajando agrupaciones como Gotas de Rap, así que lo asimilé y se volvió parte de mis canciones.



D.F:. Y de la evolución del rap como tal, qué podemos decir.


C.P:. Debido al estigma del rapero, con su corte y ropa ancha, éramos vistos como criminales y por eso fue que nacieron las clicas producto de la marginación o el prejuicio. Esa letra de Cypres Hill en el tema «Ilusiones» es profunda cuando dice: «Yo busco alguien parecido. Alguien como yo, que viva como vivo. Caminando solo, a mí no me conoce nadie. Pienso que de veras no valgo madre. Un delincuente solo ves. Y recuerdo que aquí han muerto mis carnales». Bajo esta filosofía es que con los parceros formamos el grupo de rap La Franca en Dosquebradas.


Hoy, luego de tantos años, se ha perdido la raíz. La música que escuchamos en la actualidad no se vincula con el rap de ese tiempo porque las realidades son muy distintas. Es como decir «Carlitos Way» de Asilo 38, en el álbum La Hoguera, que contenía temáticas de un hombre atravesado. Como este personaje, en Pereira había muchos Carlitos Way, mucha gente se identificaba con esas historias porque eran del barrio. Ahora no se canta sobre realidades sino sobre emociones.



D.F:. Recuerdo que se podía leer la historia del rap en los libritos que traían las carátulas de los cedés, por ejemplo, The Sugarhill Gang y otros.


C.P:. Sí, la historia de Afrika Bambaataa, Dj Kool Herc y otros. Sino que acá comenzamos a profundizar en ese tema. En la ciudad y en la cultura hemos pensado que, si no respetamos las bases, la historia, estamos destinados a repetirla. Por decir en Pereira, el que no haya escuchado de La Franca, de The Joint Solid, el Darkside, son nuevos, no conocen de arte, no se ha preocupado en indagar en los inicios del rap en la ciudad, los cambios, los estilos. Nosotros si teníamos ese interés.


Cuando llegaba un grupo de Estados Unidos, comenzábamos a buscar el cedé original, agradecimientos, casas disqueras. Acá en Pereira comenzó a escucharse rap de New York. Gente de la Costa Este.  Ni a Dr. Dre, ni Snoop Dogg, Busta Rhymes ni DMX. Habían muchas personas en Dosquebradas y Pereira que escuchaban a Wu Tang Clan. Les decíamos los butaneros.


Era un apogeo serio de mucha gente escuchando rap, aunque pocos cantaban. Que cantaran, cantaran, recuerdo a La Pugna de Boston, con el Sdrod, el Mercy, el Masta (otro, no el seis, seis, seis), y La Maritza que era del Darkside. Pero eran rumbas para disfrutar y empezar a rapear. Era el disfrute.  




D.F:. Y el grafiti, otro de los elementos importantes del Hip Hop…


C.P:. Antes de conocer la música me gustaba el dibujo. Tomaba los muñecos del álbum de chocolatinas Jet y dibujaba animales. Desarrollé este arte, pero no le aposté mucho. Me entretenía y esto fue mucho antes de elegir el rap. Luego llegó la revista Hip Hop Nation y quedé impactado. Ahí fue donde conocí el grafiti. Me quedaba días enteros logrando descifrar esas imágenes. Entonces se regó la ola de que se podían pintar los muros como un acto de expresión y eso despertó el sentimiento del grafiti en la ciudad.



En ese tiempo había un grafitero llamado Shey, que ahora se llama «Vez». Él es alguien que respeto y admiro. Tanto así que, con el Cine Club Borges, liderado por Koala, Jaime Andrés Ballesteros y otros, se hizo el primer evento de grafiti en la ciudad. Fue más o menos 2003-2004. Era un concurso para el Ministerio de Salud entonces había que hacer un dibujo alusivo al deporte. Y en una pared de la 27 entre 7 y 8 se hizo el grafiti de una pelada en patines empujada por dos perros pitbull. Un arte muy elegante, muy urbano, que marcó a Pereira y dejó precedente.



D.F:. Se siente mucho la influencia de la música norteamericana en el rap pereirano, por ejemplo, los nombres de los grupos: Strike Hard, Darkside, The Joint Solid.


C.P:. Es que de allá vino casi todo. Una cosa es que nos apoderamos del ritmo y la cultura, pero la adaptamos a la versión colombiana. Cantar en inglés a los colombianos era algo raro, entonces había que entonar en español, como empezó por ejemplo el rap en Puerto Rico, aunque ahora los buenos cantantes han perdido su esencia cantando reguetón comercial.  La moda, la ropa, los estilos musicales, la expresión, todo venía de Estados Unidos. Una cultura americana que llegó, pegó, se arraigó, identificó y marcó mucha gente. El grupo Estilo Bajo de Bogotá dice algo así: «La música marca la vida… este es mi rap este es mi conexión» del álbum Operación Estrategia.



D.F:. ¿Cómo va el movimiento Hip Hop en Pereira?


C.P:. Vamos bien. Hay muchos estudios caseros. Es un paso, porque hay mucha producción y demanda, es decir, el círculo de la creatividad y el consumo está activo. Todavía se conserva el sentimiento y el arte del hip hop inicial, es decir, el clásico, el que se hace con el alma y el corazón. Una cosa interesante es que hay grupos, sí, pero también solistas que han trascendido. Ahora se le presta mucha atención al género, a pesar de que compite con el reggaetón y otras explosiones. Aún hay público, pasión, Pereira es un referente en hip hop. Nada más pensemos en las Peleas de gallos, los Cypher, las Casaparlante y otros espacios que se promueven para mantener con vida al género. En lo general, la unidad y el profesionalismo lo es todo. Necesitamos apuntar a eso.




D.F:. ¿En la actualidad, en qué está Don 38, Capitán Pogo?


C.P:. Ahora estoy trabajando con un sello propio llamado «La compañía producciones», porque La Franca, con el pasar del tiempo, se dividió en dos ramas: «El escuadrón arriba» y «Urban Records». Pero estoy haciendo lo mío, grabando proyectos nuevos y creando pistas novedosas y profundas. He cantado con muchos solistas y agrupaciones nacionales e internacionales, pero siempre me he llevado que no hay que estar a la sombra de nadie. Evolución es madurar en un estilo propio y en ese camino voy más de treinta años.



D.F:. Gracias.

Una Melodia. Force Rap Klika.

(Ft Cañon RMS, Don 38, Chakal, Zuluman, Pinzón )



Escribe: DIEGO FIRMIANO*














*Escritor. Ensayista. Coleccionista de libros. Lector.

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