top of page

Jaque a la Reina

Arcón Cultural


¿Juega un profeta al ajedrez?

Umberto Eco


En el ajedrez convergen símbolos de disciplinas humanas como el arte, la política, la ciencia y la filosofía. Al parecer no es un juego simple, sino que su riqueza está en su composición o en el cómo apareció este en la historia, cuyo nacimiento pudo haber sido en India, Babilonia, Grecia, Italia o España. Ya sabemos que el tablero tiene sesenta y cuatro casillas alternadas en blanco y negro, dos bandos con dieciséis piezas cada uno (la tropa ligera compuesta por ocho peones; la carga pesada formada por dos torres; dos caballos, dos alfiles, el Rey y la Reina).


     El tablero, o  vástu mandala (en hindú), constituye el trazado de un templo o una ciudad donde el mundo se figura como un campo de acción que se debate en fuerzas duales: ángeles contra demonios. También al sumarse las partes de los sesenta y cuatro escaques se encuentra el múltiplo del número cíclico 25,920 que mide la procesión de los equinoccios. Como sea, hay más mucha más simbología en el tablero, los colores y la forma, pero de manera puntual, y refiriéndonos a una sola pieza, poco se ha detallado el poder de una singular figura: la Reina o Dama.


     Esta ficha situada a la derecha del Rey, de apariencia sumisa y hasta retraída, tiene un amplio rango de movimiento y capacidad de acorralar a sus adversarios, a pesar de que necesite abrirse paso entre una hilera de peones, caballos y alfiles. Es importante saber que su campo de acción es voluntad pura en el tablero y puede moverse arriba, abajo, izquierda, derecha, o en diagonal, en otras palabras, ella multiplica el accionar del rey en cualquier dirección, combinando el desplazamiento diagonal del alfil con el horizontal o vertical de la torre.  


     Es muy probable que originalmente la Reina fuese un ministro o consejero del rey, cuya evolución semántica es sumamente curiosa: wezir en árabe, ferzán en persa, alferza en latín, fierge en francés (de donde proviene el término Virgen) para finalmente constituirse en el Renacimiento como Dama. Lo que explica su máxima fuerza de amazona feroz, su disposición de ir a la guerra de manera frontal, y la virtud de sus poderes mágicos (Isidoro de Sevilla resalta una Virgen que logró domar un Unicornio; y en Constantinopla la mujer es sinónimo de invencibilidad) para doblarse en un peón que alcanza la octava casilla contraria. Un hecho sobrenatural (la metamorfosis) que es necesario verlo, no como un renacer para transformarse en una pieza mayor, sino en un morir o dar la vida por un rescate. ¿La Dama es un peón oculto, o es que este último sufre el castigo de Tiresias?


     Sin embargo, es fundamental saber que esta emblemática figura, originalmente sin connotaciones femeninas en el juego árabe, tiene una aparición tardía en el ajedrez, o por lo menos, es el resultado sutil de cada cultura que la nombra, la emplea y le entrega funciones. ¿Cómo ingresó una dignataria con más poder que un Rey? Es curioso, pero en el poema medieval titulado: «Versus de Scachis» que data del 997 d.c., ya se da cuenta de la representación, que quizá por un forcejeo semántico, terminó desembocó en una mujer con máximos poderes.

Sufficit unius partis dinoscere causas, 



Ambarum species cursus et unus erit. 



Ordo quidem primus tabulas divisus in octo 



Præfati ruris agmina prima tenet, 



In quorum medio rex et regina locantur,


 


Consimiles specie, non racione tamen.

Basta conocer las causas de una parte, 



Ambos tipos de curso serán uno. 



El primer orden dividió las mesas en ocho 



Ocupa los primeros puestos del país, 



En medio de quien están el rey y la reina, 



Similares en apariencia, pero no en razón.

     

Así es que esta Dama, conjugada como Virgen y Amazona, logra invertir los roles, incluso, la jerarquía espiritual, pues quien gobierna con la razón y la fuerza sobre el terreno es ella, no el Rey. Sin un equivalente en el tablero, posee una doble naturaleza: asume el poder del alfil y de la torre juntos, y vale más que esas dos piezas, incluido el alcance de nueve peones, siendo solo inferior al lado del caballo. Un halo de violencia la cubre a causa de su compleja actividad y tiene funciones paternales y vigilantes, ya que siempre cuida a todos en el juego, en especial al Rey, aquella figura torpe y egoísta que solo se limita a mirar al horizonte, y sin atacar, únicamente se resguarda entre sus muros.


     Por eso es que el argentino Ezequiel Martínez Estrada dice, a propósito de la Reina que «es la pieza de la discordia, de la tensión de nervios, de la subversión». No hay duda de eso, porque lo corrobora el hecho que los griegos la llamaran strategos (estrategia) a causa del sentido que poseía de realizar, en su oportunidad, el movimiento letal que exigía su posición.  Ella, aunque melancólica, es rica en cavilaciones y elabora la victoria con la paciencia de un santo y la fuerza de un Hércules.  


     Los términos que históricamente la definen, la sitúan como la pieza más valiente del tablero, la que no ataca, sino que espera el momento oportuno para lanzarse al Jaque definitivo. De ahí que (para consternación de algunos) ella no sea concretamente la esposa del Rey, sino una Capitana General (Bers en mongol) que tiene el mando total y se apoya en sus súbditos. Como figura femenina lleva el estandarte, la bandera de la batalla, es decir, se convierte en la representante del poder por su valentía, convirtiéndose en figura preponderante del Reino. Su arrojo la emparenta más a una Juana de Arco en el campo, que una Isabel la Católica en su trono.


     Y así, en la historia surgirán otros nombres para denominar a la Reina: Pentesilea, hija de Sión, Esposa ataviada, Shegel, Venus, Alicia, etcétera, y será la preferida de todo jugador consiente y entregado al juego. Así que, sin mucho más que decir de esta emblemática ficha, se cuenta en el libro El hombre que calculaba que el rey Ladova, interesado por las reglas del ajedrez, no se cansaba de interrogar a su inventor:


―¿Y por qué la Dama es más fuerte y poderosa que el mismo Rey?

―Es más poderosa -argumentó Sessa-, porque ella representa el espíritu patriótico del pueblo, y ese es el mayor poder de cada bando.


     Por esta y otras razones más, es que Lewis Carroll hace que Alicia (una peona, según la narrativa) se convierta en Reina y despierte del lado correcto del espejo, y Jorge Luis Borges, nuestro Homero de América, diga como epítome: «Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada Reina, torre directa y peón ladino, no saben que la mano señalada del jugador gobierna su destino. También el jugador es prisionero, Dios mueve al jugador, y este, la pieza».


Escribe: DIEGO FIRMIANO*













*Escritor. Ensayista. Coleccionista de libros. Lector.

Comments


bottom of page